Bienvenido al blog, aquí encontrarás terapias y alternativas a la medicación para niños hiperactivos. Porque no todos los niños hiperactivos son TDAH.

La finalidad de este blog es dar a conocer mi experiencia como madre, mi día a día alternativo.


Por mucho que mediquemos si el diagnóstico es erróneo, es decir no hay un problema neuronal sino un problema de visión, de oído, de estrés, de alimentación no adecuada o de lateralidad cruzada, lo único que haremos es empeorar a nuestros hijos. Porque el problema de fondo continuará.

Entra, lee, mira, escucha y dame si te apetece tu opinión y sobre todo tus consejos.


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lunes, 6 de junio de 2016

Vacunas sí, pero no todas.

No soy médico, y lo sabes. Pero el tema de las vacunas me preocupa bastante. 
Me da miedo no poner ninguna, como otros padres que conozco que, además he de decir que sus hijos tienen una salud de hierro, ni todas.
Gracias a Juan Gérvas, he recopilado una información interesante que quiero compartir con vosotros.

A modo de resumen, a Leo no lo he vacunado de:
Meningitis B
Varicela
Neumococo


Vacunas sagradas:
Polio
Difteria
Sarampión
Rubeola
Parotidits
Tétanos
Tosferina

Adjunto unas fichas explicativas sobre las enfermedades que he decidico no vacunar.

Calendario vacunal en Catalunya


Calendario vacunal Euskadi



Calendario vacunal Comunidad de Madrid




domingo, 24 de abril de 2016

Joanna Moncrieff - Hablando claro


Joanna Moncrieff es una psiquiatra controvertida, hace unos años empezó a mover conciencias con su primer libro llamado “El mito de la cura química”. Durante este tiempo, la Dra. Moncrieff ha investigado con profundidad los estudios que se han realizado sobre los diferentes tipos de psicofármacos y ha puesto en marcha estudios rigurosos acerca de cómo estos medicamentos afectan a los pacientes. Los tratamientos y seguimientos que realiza con pacientes que padecen trastornos psicológicos la ha llevado a exponer sus teorías acerca de cómo la industria farmacéutica ha influido en el pensamiento de los médicos y los pacientes para poder aumentar y garantizar su éxito a la hora de vender sus productos.


“Hablando Claro”. Explica su visión acerca de los medicamentos psicoactivos y alentando a sus lectores a ejercer una opinión activa y crítica frente a la prescripción masiva de estos tratamientos. La Dra. Moncrieff es una mujer decidida y su mirada transparente nos indica que es una profesional comprometida con el bienestar de sus pacientes.

CM: Dra. Moncrieff ¿cómo le vino la idea de escribir este libro?

JM: Bueno, la verdad es que siempre he sido muy observadora y curiosa, ya cuando estudiaba medicina, durante mi residencia de psiquiatría, me daba cuenta de que algo no cuadraba entre lo que me decían mis profesores y los libros que leía y lo que observaba en los pacientes. La cuestión era que cuando los miraba, solía ver a personas que actuaban como zombies y me preguntaba si realmente eso era lo que pretendíamos ver como la cura de una enfermedad, todo eso me resultaba contradictorio. No veía a la gente curada, la veía aturdida.

CM: ¿Qué ocurrió entonces?

JM: Empecé a leer mucho sobre esto. Descubrí muchas cosas que relato en mi libro. Estudié artículos científicos e investigaciones sobre cómo los fármacos afectaban a las personas. Luego empecé a promover algún estudio con el que empecé a emitir mis propias opiniones.

CM: ¿Cuándo empezó a pensar diferente del resto de sus colegas?

JM: Ahora que lo pregunta, nunca me había detenido a pensar cómo empecé a prestar atención a esas cosas. Quizá al tener en cuenta el efecto placebo, comparando los resultados con el efecto placebo me sorprendí al ver que los resultados no estaban siendo demasiado significativos. Cuando tomaban los tratamientos veíamos cambios en los pacientes, pero no siempre eran los esperados. Por ello, empezamos a pensar que en realidad el fármaco provoca estados que son diferentes a los trastornos sobre los que actúan. No hacen aquello que se suponía que deben hacer. Según el pensamiento tradicional, el medicamento debía restablecer un equilibrio químico. Sin embargo no tenemos pruebas de que eso ocurra.

CM: ¿Entonces qué es lo que ocurría?

JM: Los medicamentos crean un estado diferente al que el paciente tiene. Si hacen eso, no podemos pensar que la persona tiene el trastorno, tiene otra cosa. Algo creado por el fármaco que no es la normalidad. Como consecuencia de esas observaciones cambiamos el foco de atención de la enfermedad a los efectos creados por el medicamento. Al hacer eso, todo cambió y nos dimos cuenta de que esos fármacos podrían ser perjudiciales.

CM: Los médicos prescriben a sus pacientes estos medicamentos argumentando que curan las patologías que sus usuarios padecen. Dicen que estos productos proporcionan al cerebro sustancias químicas de las que el cerebro carece. ¿El mito de la cura química?

JM: Si, Hay muchos médicos que dicen eso. Toma esta droga, dicen, puesto que tienes falta de serotonina o cosas así podemos presuponer que entonces la cura a través fármaco viene al restablecer el nivel de la química cerebral, sin embargo eso no funciona de ese modo. Para explicar cómo funciona, veamos, por ejemplo, el caso del alcohol. Es popularmente conocido que tomar un par de copas puede ayudar a una persona tímida a desinhibirse y poder mantener una conversación. En muchos casos, la persona tímida, puede sentir, tras tomar cierta cantidad de alcohol que es una persona mucho más interesante. Sin embargo, a nadie se le ocurriría argumentar que el alcohol cura la timidez, ¿verdad? El alcohol crea un estado alterado que “tapa” la dificultad, pero que puede generar problemas posteriores graves, ¿no cree?

CM: En ocasiones, la gente que toma estas medicinas, no se reconoce a sí misma ¿Pueden tener estos fármacos efectos indeseables?

JM: Si, por supuesto. Los psicofármacos afectan de muy diversas maneras al sistema nervioso de las personas. En ocasiones, esa afectación es mejor que el trastorno que la persona padece, pero en otras no es tan eficaz. Queremos decir que, el efecto del psicofármaco es la creación de un estado que se solapa con el del paciente, esa es la idea del modelo centrado en el fármaco. La pastilla genera un estado alterado que tiene ventajas pero que también puede tener grandes inconvenientes. La mayoría de los usuarios de estos fármacos no son conscientes de crean estados alterados. Algunos de ellos son tan tremendos que no justifican su utilización puesto que son peores que el propio trastorno que pretenden tratar.

CM: ¿Significa eso que los pacientes desconocen el impacto real de esos tratamientos?

JM: Es conveniente saber que muchos pacientes, cuando dejan de tomar esos productos es cuando se dan cuenta realmente de cuán alterado estaba su estado de conciencia mientras consumían el fármaco, y sienten un tremendo efecto de carencia del producto que se confunde con una recaída. Esta recaída justifica de nuevo el tratamiento con el fármaco. Se convierte en un bucle que puede ser pernicioso. La persona se siente mal, se le prescribe un tratamiento que crea un estado alterado de conciencia pero cuando deja de tomarlo, la persona sufre un efecto rebote, es decir, tiene un empeoramiento en su estado que puede ser causado por la carencia del fármaco. Esta recaída justifica de nuevo la utilización de fármaco, puede que hasta en mayor dosis, creando así la posibilidad de una cronificación.

CM: ¿Cuál es, entonces, el origen de este enfoque terapéutico?

JM: La industria farmacéutica tuvo mala prensa cuando la gente empezó a hacerse adicta a algunos medicamentos. Por ello tuvo que pensar en nuevas justificaciones que permitieran a la gente tomar medicación. Creó la gran idea de que tu cerebro carece de ciertas sustancias y que para poder subsanar el problema había que consumirlas. Sin embargo todo eso carece de fundamento, como demuestro en mi libro. No es cierto que, por ejemplo, una persona que está aquejada de depresión carezca de ciertos niveles de serotonina. No se ha demostrado que eso sea así. Lo que se ha demostrado en cierta manera es que tomando un antidepresivo la persona tiene un estado alterado de conciencia que se solapa con su depresión. Ese nuevo estado no podemos llamarlo depresión, pero tampoco es una recuperación completa e ideal. Tomar un antidepresivo no equilibra tus niveles de serotonina, solo enmascara la depresión.

CM: Entonces ¿No hay que tomarlos?

JM: No digo eso, en ocasiones el nuevo estado es más interesante que el anterior para el paciente. Por ejemplo, algunos tranquilizantes, pueden ayudarte puntualmente para sobrellevar situaciones. Pueden permitir que la persona enfrente el problema más eficientemente. ¿Por qué no tomarlos, si son útiles? La cuestión es en que el usuario de un producto como ése desconoce toda la información acerca de los efectos secundarios, el efecto rebote, o peor aún no se le ha dicho nada acerca del efecto que causará la retirada del fármaco si la persona se encuentra mejor, que en algunos casos es un puro síndrome de abstinencia.

CM: ¿Pueden provocar “adicción psicológica”?

JM: Por supuesto. Ése es uno de sus peores efectos. Las personas que toman medicación, por definición, empiezan a desconfiar de ellos mismos y de su capacidad para enfrentar situaciones sin ella. Algunos psicofármacos pueden convertirse en una falsa ayuda. La persona que, por ejemplo, enfrenta una reunión tomando una pastilla puede llegar a la conclusión de que sólo si consume ese producto puede enfrentar dicha reunión. Muchos estudios muestran que una buena psicoterapia puede ser de más ayuda que un tratamiento con psicofármacos.

CM: ¿Cómo ven sus colegas sus propuestas? ¿Tienen aceptación?

JM: Poco a poco voy dando a conocer los resultados de mi trabajo. Hay controversia y las opiniones son diversas. Muchos están en desacuerdo conmigo, pero algunos de mis compañeros psiquiatras se muestran interesados en privado pero suelo ser ignorada. Afortunadamente hoy en día, cada vez hay más profesionales comprometidos con nuestro enfoque y eso nos ayuda a estar esperanzados con el futuro.

CM: Imaginemos un escenario sin tanta medicación ¿Qué es lo que sugiere que podemos hacer con alguien con una depresión moderada, por ejemplo?

JM: Es importante contar con todas las personas que están involucradas, la familia, los médicos, pero lo que es crucial es encontrar lo que a esa persona le sucede. Cuando ponemos una etiqueta, como por ejemplo la depresión, convertimos a la persona en una foto fija. ¿Qué es lo que le pasa? Sin duda, ese es un trabajo esencial. Ayudar a un ser humano a ver qué es lo que tiene que mejorar o cambiar en su vida. Una pastilla no va a cambiarle la vida y sabemos que no va a devolverle ningún equilibrio químico. Necesitamos actuar con la intención  de hacer que la persona sea responsable de su vida.

CM: En el libro habla de dejar la medicación cuando no ha resultado útil o cuando hay una mejoría evidente ¿Usan en su centro algún enfoque especial para “desintoxicar” al paciente que ha sido tratado durante mucho tiempo?

JM: Cada persona tiene necesidades diferentes, tenemos pacientes que han precisado de meses, incluso años, y nos adaptamos al tipo de problema que tienen y pueden ser tratados de manera puntual. Por ejemplo, pacientes graves con esquizofrenia, deben de ser tratados con mucha delicadeza al retirarles la medicación y debemos estar pendientes de su evolución por si necesitan ser apoyados farmacológicamente durante un episodio de recaída. Sin embargo, es vital para nosotros estudiar cada caso para poder comprender que causa el trastorno de nuestro paciente para poder ajustar todo el tratamiento a cada individuo.

M: ¿Qué encuentran principalmente cuando estudian esos casos?

JM: Es increíble el número de personas jóvenes que visitamos que padecen trastornos importantes como resultado de un uso de drogas “recreativas” como el cannabis, las anfetaminas y sus derivados. Muchos jóvenes quedan atrapados en un tipo de trastorno grave como consecuencia de consumos de sustancias psicoactivas. La cuestión es que son tratados por fármacos tan potentes que pueden cronificar su situación. Los estados generados por este tipo de medicación son tan alterados que impiden que el paciente pueda hacer una vida normalizada. Tal vez, esta nueva situación permita a sus familias gestionarlo mejor, pero vemos muy a menudo como estos casos son empeorados con algunos de estos tratamientos.

CM: ¿Qué hay sobre los tratamientos naturales? ¿Qué tipo de experiencia tienen con ellos?

JM: Bueno, no tratamos a nuestros pacientes con un tratamiento específico. Lo más importante es que aprendan a llevar una vida saludable. Una revista como la suya, sin duda aporta información sobre como mejorar algunos aspectos de la salud. Una buena alimentación es vital, conseguir una vida libre de estrés y hacer actividades que permitan a la persona mejorar su autoestima. Esto, claro, depende de cada caso, y no tenemos una recomendación estándar, escuchamos a nuestros pacientes y los alentamos a tener una vida sana. Tener capacidades para gestionar la ansiedad es algo que se ha mostrado útil, practicar ejercicio y, sobre todo, encontrar actividades donde el paciente se sienta útil.

CM: Cuando hablamos de medicación y de trastornos hay que hacer un punto y aparte para hablar de los niños. Hoy en día todos escuchamos sobre los trastornos que aquejan a las criaturas, pero sobretodo parece que la hiperactividad y el déficit de atención van al alza. Los médicos intentan controlar estos trastornos pero ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

JM: Bueno, no creo que en España sea muy diferente que en Inglaterra. No parece que los entornos escolares sean muy propicios para niños que sean muy movidos, dispersos o que puedan tener necesidades específicas. Intentar controlar a los niños dándoles anfetaminas no nos parece muy buena idea. La falta de flexibilidad del sistema educativo y la vida estresada de muchas familias son un potente caldo de cultivo para trastornos de este tipo. Necesitaríamos grupos más reducidos y mayor variedad de enfoques educativos, sin duda alguna.

CM: Un conocido psicólogo, experto en salud infanto-juvenil, suele decir que hay muchos críos que se curan en septiembre, con el cambio de profesores.

JM: Claro. Es una visión inteligente pero no hay que olvidar que la industria presiona mucho puesto que los tratamientos logran generar estados en los niños en los que los niños están quietos y atentos a las explicaciones. Debo decir, no obstante, que no hay evidencias de que la hiperactividad sea una enfermedad en estricto sentido de la palabra, por tanto hay muchos casos en los que se está prescribiendo un tratamiento que no es necesario y que causa muchas secuelas a las personas que los consumen.

CM: Pues parece que cada vez hay más trastornos que pueden diagnosticarse

JM: Esa es una estrategia de la industria farmacéutica. Equiparan un síndrome, que no es más que una agrupación de síntomas, a una enfermedad. Un síndrome de ataque de pánico, por ejemplo, no es una enfermedad. Creo que tiene que ver con un complejo de inferioridad de los psiquiatras.

CM: ¿Complejo de los psiquiatras?

JM: En el inicio de la psiquiatría no existían los fármacos y los trastornos mentales se trataban de manera muy rudimentaria, con internamientos en centros cerrados y terapias de choque. Eso consideraba la psiquiatría como una disciplina poco avanzada y casi policial. El diseño de estos fármacos y la creación de nuevos trastornos ha potenciado la percepción de la psiquiatría como una disciplina muy científica. Ha disparado la autoestima de los psiquiatras.

CM: Frente a este poder de la industria y de una visión como la que impera ¿Qué podemos hacer?

JM: Como titular periodístico podríamos decir que lo importante es saber que frente a la industria farmacéutica y el lobby médico el paciente tiene derechos. Sería ideal si los facultativos pudieran informar sobre las potentes drogas que prescriben. Informar sobre los efectos que cabe esperar de esa medicación.

CM: ¿Cómo podemos ejercer esos derechos?

JM: Debería existir un diálogo médico-paciente sobre las consecuencias a medio y largo plazo de esos efectos y  sobre los devastadores resultados del consumo de estas sustancias. Los pacientes y sus familias deben preguntar acerca de los fármacos y de cómo afectarán a sus vidas. No debemos olvidar tampoco las dificultades relacionadas con el hecho de dejar de tomar este tipo de fármacos y de cómo abandonar un tratamiento crea problemáticas que pueden ser confundidas con recaídas. Tomar psicofármacos es un asunto de gran importancia y debemos tener precaución y conocimiento antes de entrar en un tratamiento de este tipo. 
A todos nos gustaría poder dar con una pastilla mágica que arregle nuestro sufrimiento, pero no existe ese tipo de pastilla por el momento. Existe el sentido común de los profesionales y sus pacientes.


Presentación del libro:


Fuente: http://www.cetebreu.es/hablando-claro-con-la-dra-joanna-moncrieff/

sábado, 26 de marzo de 2016

Juan Gérvas, el médico antimédicos.

Él, junto a su mujer ha estado durante años buscando información, haciendo conferencias e incluso han escrito dos libros (Sano y salvo - La expropiación de la salud).

Es una persona muy cercana, en varias ocasiones le he escrito preguntándole dudas, sobre las vacunas o incluso sobre la hiperactividad, y en poco tiempo siempre he recibido respuesta. 

Os dejo dos entrevistas, una escrita y otra en vídeo.


Los chequeos son perjudiciales, no hay que medirse el colesterol

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Los enfermos trabajan para los laboratorios farmacéuticos?"
–No, pero el equilibrio entre quienes no mueren gracias a los laboratorios empieza a verse compensado por quienes mueren a consecuencia de los medicamentos, que son cada vez más. La codicia ha roto el consenso tácito entre el paciente y la industria farmacéutica, hoy peor valorada que las tabaqueras.

–¿La medicina actual crea enfermos?
–Sí, por ejemplo cuando el suplemento de un periódico hablaba el domingo del "envejecimiento como enfermedad". Supone una crueldad, porque envejecer es salud, un estado gozoso de quienes pueden alcanzarlo gracias al esfuerzo social.
–En su libro: "No se mida el colesterol, ¡sea feliz!".
–No hay que medirse el colesterol nunca, salvo en caso de problemas en las coronarias. Los chequeos médicos son perjudiciales y obedecen a intereses comerciales. Cinco TACs equivalen a la radiación de la bomba de Hiroshima, imagine los que se chequean anualmente. Por si acaso va a morir usted mañana, sea feliz hoy.

–¿Dos médicos ortodoxos contra la medicina ortodoxa?
–Contra sus excesos, recordando que hay una colusión o confluencia de intereses con personas que esperan no morir y ser siempre jóvenes. El que juega a los trileros, tiene expectativas infundadas. Y no sólo vende mierda la industria farmacéutica, también la de alimentos.

–¿Angelina Jolie es una heroína por amputarse los pechos?
–No. Como persona es intocable, nadie puede discutir su decisión. Como ejemplo es nefasta, una víctima de la industria quirúrgica –dio el nombre del centro donde se había operado– y genética, cuyas acciones subieron tras el anuncio.

–Se han contabilizado 200 factores de riesgo de infarto, roncar incluido.
–Un factor de riesgo es una asociación estadística, no una condición necesaria ni suficiente. El mayor peligro de infarto es la pobreza. El segundo es el tabaco, y son los pobres quienes fuman. Si quiere disminuir la probabilidad de enfermar, conviértase en rico, pero eso no está en la seguridad social. 

–¿Cómo sabe Michael Douglas que contrajo su cáncer por la práctica del sexo oral?
–Es una vergüenza dolorosísima, un insulto. Sólo un mínimo de cánceres orofaríngeos guardan relación con el virus del papiloma humano. De nuevo, la población de riesgo son pobres, fumadores y alcohólicos. Sucede que para los médicos tienen más interés los culos de los ricos que la boca de los pobres.

–¿Los afortunados que tienen el sexo oral a su alcance pueden seguir practicándolo?
–Claro, practique el sexo oral y disfrute. En pareja de distinto sexo, del mismo sexo o en grupo. Recuerde que es gratis, que se puede repetir y que siempre da placer.
–Su libro concede gran importancia al sexo.
–Porque considero que hay especialidades médicas que persiguen el sexo con más rigor que la religión durante la Edad Media. Es una parte importante de la vida, que gusta en la juventud y a los ochenta años, aunque se cambie de la cantidad a la calidad.

–Hay millones de personas vivas gracias a la medicina agresiva que usted critica.
–Hay millones de personas que se creen vivas gracias a la medicina agresiva. En Estados Unidos, más de un millón de mujeres piensan que han sobrevivido a un cáncer de mama que nunca las hubiera matado. Lo mismo sucede con más de la mitad de los tumores de próstata. ¿Han sobrevivido al cáncer? No, han sobrevivido al médico.

–Con estas tesis, sus colegas deben verlo como el Doctor Yayoflauta.
–Formo parte de una red mundial que lleva medio siglo trabajando en estos asuntos, y a la que se incorpora cada vez más gente joven. La mayoría de mis compañeros me adoran, salvo algún radiólogo o ginecólogo. No hay hostilidad, porque digo lo que otros no se atreven, rompo con el statu quo.

–¿Nos hemos vuelto locos?
–Ha disminuido la tolerancia a la variación mental, que se ha transformado en enfermedad. Todos tenemos días en que nos comeríamos el mundo y otros en los que querríamos desaparecer, no podemos homogeneizar.

–Niños atiborrados de fármacos.
–Se quiere medicalizar el fracaso escolar para quitarse las responsabilidad de encima.

–¿El miedo disminuye la esperanza de vida?
–Si tienes una actitud optimista, vives ocho años más. No podemos destruir nuestras vidas a la espera de que se resuelva el tremendo momento económico que atravesamos. No voy a dejar de follar porque haya crisis.

Fuente: http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2013/06/22/chequeos-son-perjudiciales-hay-medirse-colesterol/854889.html

Entrevista TV3 (Castellano)
Juan Gérvas, medicina de consum


viernes, 26 de febrero de 2016

Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDA-H), un trastorno de moda

Sólo uno de cada 3 niños diagnosticados de Hiperactividad (TDHA) padece “realmente” este trastorno
El trabajo “TDAH: un trastorno de moda”, premiado por www.psiquiatria.com (la web más prestigiosa de psiquiatría en España) en agosto de 2.006, sostiene  que este trastorno está sobrediagnosticado en la mayoría de los casos.
Se trata de un estudio realizado con los niños que acuden al centro de salud mental infantil de Molina de Segura en Murcia durante los meses de Julio a Septiembre de 2005 con diagnóstico de sospecha de TDHA.  Resultado del estudio:  sólo uno de cada 3 niños “sospechosos” fue finalmente diagnosticados de Hiperactividad. 
Los psicopedagogos, que parecen ser quienes más fácilmente realizan este diagnóstico, sólo acertaron en un 33% de los pacientes. Los Servicios de Neuropediatría coinciden más frecuentemente con los psiquiatras del CSM  (60% de los casos). 
En el resto de pacientes, los psiquiatras encontraron cuadros clínicos distintos al TDAH, desde algunos mucho más graves (psicosis infantiles, retrasos mentales), hasta los mucho más benévolos “trastornos del aprendizaje”.

Conclusión del estudio: Existe un sobrediagnóstico clínico del TDAH. 
En la mayoría de los casos se extraña una historia clínica detallada y un diagnóstico diferencial con otras entidades clínicas. 
Complicación: un diagnóstico erróneo puede producir un tratamiento farmacológico innecesario (de lo que podría desprenderse que los autores del estudio consideran que todos los niños “correctamente” diagnosticados de TDAH requieren ser medicados con derivados anfetamínicos, eufemísticamente llamados estimulantes). 

Un diagnóstico llamativamente frecuente
A nosotros los resultados del estudio nos parecen significativos. La amplia difusión de este trastorno por medios de comunicación masivos (a la que no creemos ajenos a los laboratorios productores de los medicamentos indicados para este diagnóstico) ha llegado a los docentes, a los Equipos de Orientación Psicopedagógica (los llamados “orientadores”) y a los padres; todos ellos sensibles a las dificultades infantiles, sobre todo cuando éstas se manifiestan en la eficacia escolar cuantitativamente considerada. 
Así llegan a nuestras consultas niños con un  rendimiento que se encuentra por debajo de la media, con dificultades de concentración o que simplemente se aburren con las muchas veces insufribles clases escolares, con síntomas de hiperactividad o un poco demasiado inquietos, ya diagnosticados por un docente, un orientador o los mismos padres.

Breve historia de una larga confusión
A esta confusión contribuyen ya la complejidad y ambigüedad del mismo diagnóstico. En 1902 el Dr George Still, un pediatra inglés, creyó haber hallado un nuevo cuadro en sus consultas: “niños que no dejaban de moverse constantemente, lo miraban todo, lo tocaban todo,…; desconsiderados con los demás, despreocupados por las consecuencias de sus acciones,…; que manifestaban una gran falta de atención…” y que parecían carecer de “control sobre su conducta”. 
Describía así a lo que tradicionalmente se había llamado “niños con mal carácter”, construyendo una entidad clínica donde alojarlos a la que llamó “Déficit del Control Moral” (!). Arbitrariamente supuso una causa congénita, es decir, heredada, no adquirida (Consideramos arbitraria la atribución de cualquier causa apriorística, es decir: previa a toda prueba o demostración. En el mejor de los casos, sólo puede ser una hipótesis de investigación y, en el peor, la manifestación de un prejuicio, aunque se vista con un ropaje científico). 
Siguiendo a Still, psiquiatras infantiles, neurólogos, psicólogos y pedagogos se abocaron a nombrar esta disfunción. Las denominaciones más populares pueden darnos una idea de las concepciones etiológicas o descriptivas que los inspiraron: 
Síndrome Conductual de Daño Cerebral, Daño Cerebral Mínimo, Disfunción Cerebral Mínima, Hiperactividad, Reacción Hiperkinética de la Infancia, Trastorno Impulsivo Hiperkinético, Síndrome de Hiperactividad Infantil, Trastorno de Hiperactividad con Déficit de Atención,  y así, atravesando unas 25 nominaciones más o menos reconocidas, hasta llegar a las contemporáneas. 

Las clasificaciones contemporáneas 
La CIE-10  y el DSM-IVTR son acuerdos de grupos de expertos con el objetivo de formalizar una “lengua” médica común, por lo que no presuponen acuerdos sobre las causas ni sobre los tratamientos, aunque sí una concepción de la psiquiatría, fundada en cuadros o complejos descriptivos sintomáticos:
- La CLASIFICACIÓN INTERNACIONAL DE LAS ENFERMEDADES acordada por la OMS (Organización Mundial de la Salud) y actualizada por última vez en 1992 (CIE-10), denomina a los cuadros que nos ocupan Trastornos Hipercinéticos y los caracteriza por la hiperactividad y la falta de atención. Subdivide a estos trastornos en Trastorno Hipercinético Disocial y Trastorno de la Actividad y de la Atención, según estos síntomas se vean acompañados o no por problemas de conducta. 
- La Asociación Psiquiátrica Americana (APA), que no reconoce a la OMS autoridad para determinar las denominaciones a usar en Estados Unidos, decidió establecer una clasificación diferente: El MANUAL  DE  DIAGNÓSTICO ESTADÍSTICO, con su texto revisado por última vez en el 2002 (DSMIV-TR), que es fruto de un consenso actual (revisable en el futuro) que pretende compatibilizar los criterios discrepantes de diferentes especialistas, establece la más difundida denominación de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, con subdivisiones según predomine el déficit de atención, la hiperactividad e impulsividad, o se combinen ambas series de síntomas sin que pueda establecerse un predominio claramente definido. 
En todo caso, cualquiera de estos diagnósticos presupone una “falta de atención” no adecuada a la edad. Como vemos, es un trastorno definido en función de la conducta, sin considerar ningún otro aspecto, como la subjetividad del niño. 
Tampoco, y pese a múltiples investigaciones, existe ninguna prueba diagnóstica específica ni escalas admitidas como fiables.

¿Por qué tanta popularidad?:
No deja de llamar la atención que, después de un siglo de abundante literatura médica y sin que aún esté clara su definición ni sus causas, haya adquirido una reciente popularidad, con un notable aumento de casos diagnosticados. 
Aumento de los diagnósticos que coincide en el tiempo con la indicación de un tratamiento farmacológico específico. No debemos pensar maniqueamente en que esto sólo se debe a la constante presión publicitaria de los laboratorios sobre los médicos (que la hay), sino también a que el médico, al disponer de un fármaco con que tratarlo, se siente más inclinado a realizar este diagnóstico, y padres y maestros encuentran una explicación y un posible manejo de ese niño difícil en una época en que nuestra tolerancia aparentemente aumenta pero nuestra paciencia no. 
Popularidad producto de una amplia literatura de divulgación dirigida, no sólo a los especialistas, sino a un amplio público: manuales para padres y docentes, artículos en revistas, páginas web…


Polémica en USA:
En Estados Unidos, pionero como siempre en estos fenómenos, se extienden hoy 30.000.000 de recetas al año de estimulantes. Al mismo tiempo, una comisión de expertos designada por la la Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA) recomienda que se incluya una advertencia en los envases de estos fármacos por su supuesta potencial peligrosidad. 
El uso masivo de fármacos estimulantes en niños ha provocado en USA un debate, más apasionado que científico, entre sus detractores, alarmados por lo que consideran una medicalización irresponsable de la infancia (recientes estudios estiman que el 10% de los niños menores de 10 años reciben esta medicación en EE. UU.), y sus defensores, que sostienen que lo irresponsable es oponerse a una medicación que habría demostrado su eficacia. No contribuye a clarificarlo el que aún se desconozca cuáles son los mecanismos de esta eficacia y los efectos a largo plazo de estos medicamentos.
En medio de este acalorado debate, algunas voces intentan terciar con un poco de cordura y sentido común. Como el Dr. Steve Nissen, cardiólogo y miembro de la comisión investigadora: “Nadie dice que no hay niños que son desesperadamente disfuncionales y necesitan estos fármacos, pero no son el 10% de los niños de 10 años. Lo que quiero es que a los médicos les tiemble un poco la mano antes de extender una receta” (citado el 21/02/2006 por “La voz de Asturias”). 
No se trata entonces de oponerse a una medicación que en ciertos casos puede ser necesaria, sino de racionalizar su uso.


TDAH, problemas de un diagnóstico:
Pero el problema no se reduce a una probable sobremedicación. La investigación con la que iniciamos este artículo nos parece importante como señal de alarma respecto a la facilidad con que hoy en día se diagnostica a los niños, sin tener en cuenta las posibles consecuencias de estos diagnósticos.
Prestemos atención a los principales síntomas que motivan, con razón o sin ella, la presunción diagnóstica de TDAH en orden a su frecuencia: bajo rendimiento escolar (78%), trastornos de conducta (50%), hiperactividad (24%) y, en un porcentaje muy inferior, el déficit de atención que da nombre al síndrome, junto con alteraciones del lenguaje y/o la interacción social y otros. Una amplia gama de síntomas. interesante
No dudamos que entre estos niños se encuentran muchos con problemas psíquicos que requieren atención, pero también muchos otros que tienen dificultades en responder como es esperado a la sobreexigencia de nuestro sistema escolar (totalmente inadecuado al desarrollo infantil, como lo sabe cualquiera que haya estudiado psicología evolutiva), se distraen fácilmente (que no es sinónimo de TDA), son rebeldes o simplemente inquietos (que no es sinónimo de hiperactivos). 
Una vez atribuida por la corriente predominante en psiquiatría una causa orgánica a todos los problemas mentales y psicológicos (incluidos problemas de comportamiento, elecciones sexuales, preferencias personales), ampliamente difundida esta hipótesis como una verdad absoluta (sin que, por lo tanto, ya casi nadie se pregunte por las pruebas que la avalan) y aceptada por gran parte de la sociedad (médicos, maestros, padres), las dificultades psíquicas pasan a ser diagnosticadas y tratadas a la manera de las enfermedades probadamente orgánicas (cáncer, demencias, atrofias): con medicación y rehabilitación exclusivamente.

Cero en conducta:
Alarma particularmente que el 26% de los niños a los que se les atribuye TDAH presenten como único síntoma “trastornos de conducta”. Y alarma porque nos señala que un niño más rebelde que otros corre el permanente riesgo de ser diagnosticado como enfermo mental, segregado por ese diagnóstico, medicado con derivados anfetamínicos… mientras se pasan por alto otros problemas (económicos, sociales, familiares o psicológicos) que pueden ser las causas reales de sus dificultades. ¿Niños con trastornos mentales o que trastornan a la escuela y la familia?      
También alarma que a todo niño con dificultades de aprendizaje (casi siempre acompañadas por dificultades de enseñanza de los docentes) se le presuponga un trastorno mental. Todos tuvimos compañeros de estudios más rezagados. Muchos de ellos desarrollaron posteriormente una vida satisfactoria, cuando no exitosa. Pues esos niños ya no existen. Ahora, y gracias a nuestros progresos, son enfermos mentales (aunque no siempre se les aplique ese nombre, más por piedad que por convicción).
Y alarma especialmente que el 73% de los niños estudiados ya estuvieran siendo tratados con estimulantes pese a que el diagnóstico se confirmaría sólo en el 33% de los casos. 

Otras consideraciones:
También resulta  interesante que, según el mismo estudio, hayan mejorado con el tratamiento niños que finalmente no fueron diagnosticados con el trastorno. Esto puede deberse a los efectos estimulantes de la ritalina  sobre la atención y concentración en todos los niños, independientemente del diagnóstico y de su salud o enfermedad, pero a nadie se le ocurriría por ello medicar a todos los niños (ni a todos los adultos).
Tampoco nos informa el estudio de cuántos de esos niños estaban disfrutando de un tratamiento psicoterapéutico. Dato que sería interesante conocer, sobre todo teniendo en cuenta que diversos 
estudios demuestran que la absoluta mayoría de los sujetos, adultos o niños, mejoran, en menor o mayor medida, con una psicoterapia, sea ésta del signo que sea. Quizás porque el sólo hecho de ocuparse de uno mismo (o que alguien se ocupe de uno, en el caso de los niños) y concurrir a un terapeuta, ya produce una mejoría.


interesante que, según el mismo estudio, hayan mejorado con el tratamiento niños que finalmente no fueron diagnosticados con el trastorno. Esto puede deberse a los efectos estimulantes de la ritalinasobre la atención y concentración en todos los niños, independientemente del diagnóstico y de su salud o enfermedad, pero a nadie se le ocurriría por ello medicar a todos los niños (ni a todos los adultos).

Conclusiones

- Mientras múltiples libros, artículos webs, incitan al diagnóstico precoz del TDAH y alertan sobre los riesgos de no detectarlo, un estudio serio demuestra que el TDAH está sobrediagnosticado, con certeza en la población objeto del estudio, pero con seguridad en el conjunto de nuestra sociedad. 
- Parece conveniente precisar el diagnóstico, no sólo para “evitar tratamientos farmacológicos innecesarios”, sino para no cerrar los ojos a las dificultades sociales, escolares y, sobre todo, psicológicas que se ocultan tras él.
- Sería conveniente que los Equipos de Orientación Psicopedagógica, cuando detectaran una dificultad que excede el campo pedagógico, sugirieran a los padres la realización de una entrevista psicoterapéutica sin sugerir diagnósticos que pueden alarmarlos innecesariamente.
- También sería conveniente no adjudicar patologías psiquiátricas o trastornos mentales a todos los niños que planteen dificultades al colegio, ya sea de estudio o de disciplina. 
- Habría que realizar una buena evaluación, que atendiera a los diversos aspectos de los problemas de rendimiento escolar y/o conducta,  antes de derivar a los niños que plantean esas dificultades a la consulta de psiquiatría infantil (en esto coincidimos con el estudio citado).
Susan Greenfield, prestigiosa
científica británica y Presidente de Royal Institution para la investigación científica en el Reino Unido dice:
“Basta con mirar a los chiquitos de hoy, que prácticamente manejan una computadora desde que nacen. Posiblemente, esto les esté afectando la manera de pensar y actuar. Pero nadie se detiene a reflexionar sobre el tema, y en cuanto llegan al jardín, como no saben sentarse quietitos, cada vez se multiplican los que reciben diagnósticos de desórdenes de atención. 
Son chicos acostumbrados a una pantalla que -¡pim! ¡pam! pum!- los estimula todo el tiempo. Tocan botones y explotan ruidos y colores. Después entran en el aula y los educadores pretenden que se queden concentrados escuchando a la maestra en la silla. ¡Pero no tienen ninguna experiencia ni práctica en eso! Están acostumbrados a que se les fomente una capacidad de atención limitada en su cerebro. 
La mayor parte de nosotros aprendió a concentrarse cuando nuestros padres nos leían cuentos para entretenernos. Si eso se reemplaza por televisión y computadora, es totalmente irresponsable que no se estudie el efecto que está teniendo en los chicos antes de diagnosticarles cualquier cosa o incluso antes de diseñar las políticas educativas.”

Da que pensar.

Antroposofía y la fiebre. Dra. MICHAELA GLOECKLER


LA FIEBRE, SUS SÍNTOMAS Y SU TRATAMIENTO


El tratamiento de la fiebre cobra un rol central en la pediatría, ya que en la edad infantil prácticamente no hay enfermedad que aparezca sin ella. Hoy en día en la medicina clásica ya hay un cambio rotundo en su tratamiento, a raíz de que, en los últimos anos se ha investigado tanto sobre su fisiología. Incluso apareció un articulo en una revista de medicina general, en el cual se afirmaba que hoy solamente el medico inexperto prescribe supositorios contra la fiebre. Lamentablemente en la práctica las cosas son muy distintas todavía, porque los pediatras siguen prescribiendo antitérmicos en forma inmediata, simplemente para tranquilizar a los padres y por el hecho de que existe el mito de que la fiebre es algo malo.

Detrás de todo esto hay una concepción atomística del hombre, la cual lleva a pensar que, al igual que en la naturaleza inorgánica, las particularidades del alma y del espíritu deben de estar de alguna forma constituidas sobre partículas elementales especialmente pequeñas, según un modelo atómico. Pero quizás las leyes que valen en la naturaleza inorgánica no sean tan fácilmente extensibles a los niveles espirituales, donde tal vez valgan otras totalmente diferentes. Sin ir mas lejos, mientras que para describir un organismo vivo usamos en general modelos cíclicos, en los fenómenos inorgánicos podemos establecer, por ejemplo, una relación causa efecto. Si empujo una bola inmediatamente se produce una relación directa  entre el impulso que es la causa y el efecto que se produce mas tarde. En cambio, si pensamos en como crece una planta y forma una semilla, surgen inmediatamente las preguntas: estaba antes la planta para formar la semilla, o la semilla para poder crecer la planta? Cual es la causa y cual es el efecto? Nos topamos aca con el fenómeno de la simultaneidad. Este también podemos observarlo en una célula del hígado, donde cientos de procesos de síntesis profundamente distintos se desarrollan al mismo tiempo, prácticamente en el mismo lugar físico, y cuyos productos van a parar a lugares muy distantes en el organismo. Hemos llegado a aislar tan finamente que también tenemos una concepción atomística de la enfermedad, que nos hace a veces tomar un síntoma aislado, por la enfermedad. Esto es lo que ocurre generalmente con la fiebre, ya que es difícil no ver en ella un síntoma de enfermedad aislado, peligroso que debe eliminarse. En realidad debería verse como la expresión de un esfuerzo conjunto, de todo el organismo para un fin bien determinado.

Básicamente sabemos que el cuerpo usa una cantidad de procesos metabólicos y hormonales, solo para mantener su temperatura constante en 37 grados y que cada órgano tiene dentro de ese margen, poco mas poco menos, su temperatura especifica que también es mantenida constante. A esa temperatura, también esta condicionado nuestro normal funcionamiento. Mas abajo de los 36 grados, nos estamos congelando, todo va mas lento, no tenemos vida mental activa. Del mismo modo, subiendo a 38,5, 39, 39,5 grados, empezamos a entrar  en otros estados de conciencia; y si la temperatura sube aun mas entramos ya en un delirio febril durante el cual no podemos pensar claramente.

Uno se puede preguntar, que significa que el cuerpo aumente la temperatura por si solo. La fiebre no es otra que un nuevo limite fijado por el organismo para su temperatura óptima, por ejemplo 40 grados.

Recordemos que en pediatría la temperatura corpórea se mide en forma anal, solo en caso de apendicitis medimos axilar y análmente para obtener la diferencia. Según libros pediátricos alemanes se dice: 35,5 37,5 grados es normal, hasta 38,5 grados es temperatura elevada, todavía no es fiebre, 38,5 a 39,5 es fiebre, y 39,5 a 41 grados es fiebre alta.

Es así, que el organismo busca, para cada enfermedad, un limite de temperatura bien claro en el cual se mantiene por un tiempo. Durante este lapso todos los procesos metabólicos dentro de él se realizan acelerados y atípicamente y también pueden aparecer otros nuevos procesos. Entre estos últimos están los inmunoestimulantes, ya que el fin de todas estas infecciones febriles es la producción de nuevos anticuerpos. La fiebre es desencadenado por pirógenos exógenos: toxinas bacterianas y toxinas virósicas. Estas pueden actuar directamente sobre el hipotálamo, pero a su vez desencadenan una serie de formaciones pirógenas endógenas, por ejemplo, las prostaglandinas, que también influyen, dentro del hipotálamo, al centro del calor. Estos pirógenos endógenos provocan una serie de procesos metabólicos. Por ejemplo es estimulado el páncreas que produce gran cantidad de insulina y glucógeno; los procesos en el hígado se modifican: se produce mas glicoproteínas y la síntesis de albúmina es reducida. También sabemos que los niños se vuelven anémicos durante la fiebre y hoy se ha comprobado que el hierro entra en el RES  del hígado y de los otros órganos reticuloendoteliales, pero en especial del hígado, y desaparece de la sangre, por lo que un análisis en ese momento refleja hemoglobina baja. Al mismo tiempo se observa mas cobre y zinc en la sangre que son liberados del hígado. Esto es interesante ya que cobre y zinc tienen efectos tóxicos sobre microorganismos, mientras que el hierro los alimenta; o sea, que los primeros contrarrestan el crecimiento y disuelven los virus y las bacterias, etc. Seguramente haya muchas mas razones por las cuales se produzca durante la fiebre  este cambio de minerales, pero uno de los motivos fundamentales es el ataque directo  a los microorganismos. La fiebre origina además la descomposición de los lisosomas, burbujitas ínfimas en la célula, en las que hay enzimas que actúan hidrostáticamente, que son liberadas. Por otro lado, los pirógenos endógenos hacen liberar una cantidad de los llamados mediadores: por ejemplo las linfoquinas que estimulan muy especialmente la procreación  y el aumento de los linfocitos, que se agrupan en dos clases T y B. Los T atacan directamente a las células, actúan citotóxicamente, y los B forman los anticuerpos, atacan indirectamente las células. Otros mediadores determinan la movilidad de los leucocitos; por ejemplo los granulocitos pueden moverse mas rápidamente al lugar de la formación de pus, están estimulados, mas movibles.
Todo este complejo que se llama inmuno estimulación es llevado a un movimiento total. En este punto debo aclarar una diferencia importante. Algunos médicos piensan que bañando a un niño con agua muy caliente, o sea calentándolo  externamente a 39,5 grados, resulta algo parecido a la fiebre. Hoy se sabe que no: si bien se tiene el efecto positivo del calor sobre la circulación y los diversos procesos metabólicos, el sistema inmunológico es reducido. Este sobrecalentamiento solo tiene efectos depresivos.
Para tener completos los factores desencadenantes, quiero mencionar dos cosas mas que estimulan la fiebre. No son siempre los pirógenos exógenos. También puede ser un cumpleaños infantil, o un viaje, o una emoción, la separación de los padres. Los chicos de pronto tienen fiebre sin motivo aparente, porque el cerebro infantil, por su falta de madurez, reacciona mucho mas sensiblemente a esas impresiones anímicas. Además sabemos que los esteroides también actúan pirógenamente, porque durante la ovulación la temperatura de la mujer se eleva en medio grado. Entonces resumiendo, la fiebre produce un efecto dañino sobre los microorganismos a través de la actuación directa venenosa de los metales pesados, de las enzimas y como tercero, la acción destructiva por la estimulación inmunológica y la fagosíntesis. El proceso es apoyado por el organismo, ya que el metabolismo propio es reducido: los chicos tienen poco apetito y solo beben algo dulce.Cuando yo estudiaba, aprendimos que la palabra resfrío es un término de la medicina popular mágica, y que medicamento no tiene ninguna relevancia; pero en los años 80, este término fue rehabilitado, luego de observar en experimentos con animales que tanto los virus del resfrío, como los de la influenza (gripe), tienen una temperatura óptima para reproducirse a los 33 grados, o sea que cuanto mas frío está un organismo, tanto mayor es la chance que estos se reproduzcan. Así hoy, mediante experimentos con animales y hombres se encontraron  las temperaturas óptimas para cada una de las distintas especies virósicas, y también la fiebre óptima donde termina su posibilidad de reproducción. 

Entonces ya no solo es importante que alguna elevación de temperatura inicie todo el proceso que mencionamos antes, sino que es fundamental el valor absoluto de la fiebre, que para una determinada especie de microorganismo sea mortal. Por eso no se está pensando fisiológicamente si se intenta bajar la fiebre mayor de 39 grados “porque es mala”. Aquí comienza el trabajo del médico. Se debe conocer al niño, saber lo que puede soportar su organismo y observar, cuanta de la fiebre que debería producir para esa acción específica se le puede dejar. Hay chicos robustos, cachetones de 2 años que enseguida tienen 41 grados, pero se les puede hablar perfectamente y están aquellos frágiles, que cuando les sube la fiebre empalidecen, se debilitan y de los cuales se tiene una impresión que una temperatura de 40 grados los consume. Por eso es importante una medicina individual, que realmente trate de orientarse en las condiciones de vida de cada organismo y posibilite que realmente se observe al niño. Hay cosas que no se pueden resolver por teléfono, porque en determinadas circunstancias, para el niño es mucho mejor estar durante 24 horas con 40,5 grados que, ya por teléfono,  recetar un antitérmico por las dudas. Juntando todos estos conceptos, podemos decir, que la fiebre es el mejor y el mas natural de los antibióticos.
Quiero referirme ahora al mecanismo externo por la cual la fiebre se manifiesta. Es un efecto vasoconstrictor: se tiene frío por medio del cual se cierra la periferia y la temperatura puede seguir subiendo adentro. Cuando el cuerpo alcanzó la fiebre que quería, exactamente en ese momento, abre la periferia: los niños empiezan a transpirar y tienen cachetes colorados, la temperatura se mantiene y no sigue subiendo. Este proceso nos brinda el indicio para apoyar con la terapia al organismo en su tarea natural. El núcleo del cuerpo, allí donde están los órganos del metabolismo, es el que produce el calentamiento. También el temblar de frío de los músculos y el metabolismo producido por la fiebre generan calor, aunque al principio parezcan fríos. Si se toca al niño mientras la fiebre está subiendo, puede estar por ejemplo en 40,5 grados, la cabeza hierve pero las manos  y los pies todavía están fríos. Si en ese momento se le hacen vendajes húmedos en las pantorrillas, o se lo tapa solo con una sábana liviana, entonces se logra exactamente lo contrario a lo que se pretendía. El trabajo mas importante que quizá tengamos nosotros como médicos es explicarle a la madre la fisionomía externa de la fiebre. Es correcto que, cuando un niño tiene fiebre alta y está hirviendo, solamente se lo debe tapar con una sabanita, pero recién en el momento cuando el cuerpo está listo para entregar calor, no antes. Este es el momento donde las manos y las pantorrillas están calientes. Por eso es importante que se les diga a los padres: toquen a sus niños, mientras tengan manos y pies frías, tápenlos bien y den les de tomar algo caliente para intentar ayudar al cuerpo en su labor de aumentar la temperatura. 

Por supuesto que sería una catástrofe si después de taparlo bien, como nos dijo el médico, nos vamos de compras y nos despreocupamos por dos horas, porque ya en diez minutos la situación puede haber cambiado totalmente. El proceso febril es un proceso que se desarrolla en el tiempo, donde cada estado tiene su tiempo bien individual. Un buen promedio es medir cada media hora, tocándole siempre las manos y los pies. Por ejemplo se midió 40,1 grados a las 18 horas, pero el chico todavía estaba frío, se le da un poco de té caliente, una bolsa de agua caliente en los pies y se lo tapa bien. Puede ser que ya a las 18 30 horas la temperatura suba a 40,5 grados y ahora sí, las manos y los pies están calientes, y tiene gotas de transpiración en la frente; la centralización se terminó.. y ahora sí, viene la frazadita liviana, la bebida tibia y los vendajes de pantorrilla si se tiene la impresión que la fiebre es demasiada alta para el niño. Con estas medidas físicas para el niño, se puede estar seguro que no se lleva la temperatura esencialmente debajo de la óptima. Si uno tiene la impresión de que el niño con 40,5 grados está bien, no apático y es un niño fuerte, entonces también se puede esperar, solo taparlo liviano, darle de tomar y a la media hora volver a medir y quizá se de cuenta que la temperatura se quedó en 40,3.
Todos conocemos la fiebre de 3 días, generalmente en niños pequeños. Durante tres días, tienen un continuo de fiebre de hasta 41 grados, oscilando entre los 39 y 41 grados, en general siempre muy alto. Si en este caso tratamos de combatir con todos los medios la fiebre sabiendo que el organismo trata de mantenerla elevada durante tres días, significa un trabajo mucho mayor que soportar la fiebre. Generalmente no será la primera vez que el niño levante temperatura, por lo que se debería estar ya en condiciones de saber cual es la fiebre óptima para su organismo. Por ejemplo podemos empezar con las medidas arriba de los 39,5 grados pues se sabe que ese valor e un óptimo de temperatura media para la virostasis.
Hay una serie de medicamentos con los cuales se puede apoyar  este desarrollo fisiológico de la fiebre. Por ejemplo si los niños tienen la tendencia a tener fiebre muy alta, exagerada, y enseguida se le ponen colorados los mofletes, entonces receto cada dos horas cinco gotas de Apis/Belladonna. Cuando haya pasado ese estado muy agudo, se puede reducir la dosis a tres veces al día, y después solo una vez al día. Hay que recomendarles a los padres, que no despierten a los niños a las dos horas, solo para darles las gotas. Si los niños tienden a un aumento muy abrupto de la fiebre, están extremadamente pálidos, y son mas bien del tipo nervioso y débiles, entonces es mejor darles Aconitum, mientras sube la fiebre. En caso de gripe, también se puede emplear Bryonia-Eupatorium comp., o simplemente Aconitum D3. El Bryonia-Eupatorium comp. es recomendable cuando ya hay una epidemia de gripe declarada, con hinchazón de las articulaciones, y Aconitum D3 solo en fiebres mas simples, donde se descarta una infección mas grave.
Antes de seguir con la medicación hablemos, en este punto, un poco de las convulsiones. Hay niños con tendencia a tener convulsiones livianas. Llamo livianas a aquellas detrás de las cuales no se esconde una epilepsia; eso es completamente diferente. La convulsión normal se presenta, la mayoría de las veces, porque el niño está frío y el ascenso de la fiebre se produce muy bruscamente. Debo decir que las convulsiones aparecen siempre en la fase crecimiento de la fiebre y de ahí que es importante, que a esos niños con tendencia a tenerlas, se los vista con suficiente ropa para que en caso de resfrío la fiebre no suba tan deprisa. Hay que recomendarles a los padres, una y otra vez, que a los chicos en edad de crecimiento, por lo menos hasta los 9 años, debe mantenérselos siempre a temperatura constante, y no intentar que se fortalezcan. Recién entre los 9 y 12 años la circulación de la sangre se regula sola, para poder afirmar que existe una regulación circulatoria estable; y solo debería entrenarse a un sistema circulatorio estable con endurecimiento y no a uno débil que todavía está desarrollándose. Lo mejor es que el núcleo del cuerpo esté caliente; la calefacción no es nada sana, en especial para los órganos respiratorios, ya que seca el aire. Se le puede decir a una abuela que teja una camisetita de algodón y luego la ropa normal. El test para saber cuan abrigado debe estar es que los pies y las manos deben estar siempre calientes, tibios no alcanza: calientes. Hay padres que dicen que sus niños, al igual que ellos, siempre tienen los pies fríos, que eso es natural en su familia. A ellos hay que tratar de explicarles que eso no les hace bien ni a sus chicos ni a ellos mismos, que si se vistieran mas abrigados seguramente no sería así. Hay que recalcar que esto, para un niño con regulación calórica en desarrollo es directamente nocivo..
Volviendo a los medicamentos, en niños muy peligrados de sufrir convulsiones, también puede emplearse, a intervalos, un “amargo”; por ejemplo Genciana o Cichorium. Hemos recibido varias veces en la clínica niños, en los que se había descartado epilepsia, que venían con la primera o segunda convulsión, en los que habiéndoseles aconsejado tomar esos amargos, las convulsiones no volvieron a producirse nunca mas (el amargo ayuda al cuerpo etéreo a aceptar mejor al cuerpo astral, que es el que se acalambra y si puede entrar mejor dentro del cuerpo etéreo, no se contractura mas). Hay dos medicamentos que se pueden dar mejor en forma de inyecciones, si se tiene la impresión de que la fiebre consume, le pesa demasiado al organismo. 
Por un lado Carbo D30, porque estimula todo el proceso de la formación de sustancias en el cuerpo físico, y la potencia tan alta porque se ve que el paciente con tanta fiebre se consume demasiado. Al Carbo D30 se le puede agregar Argentum D30, porque este estimula toda la formación del cuerpo a partir del Yo. O sea el Carbo para lo físico y el Argentum mas para la organización del Yo.




sábado, 6 de febrero de 2016

El arte de no amargarse la vida, Rafael Santandreu

No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede, Epicteto. 
Según Rafael, esta es la clave de la fortaleza emocional.
Por ejemplo, hemos oído en algún momento algún padre quejarse de que no aguanta más la adolescencia de su hijo, o nosotros mismos decir la Navidad me pone triste. En realidad no es ni nuestro hijo ni la Navidad es como lo encajamos nosotros, lo que nosotros mismos nos decimos, como nos dañamos emocionalmente.

Nos repetimos con mucha fuerza pensamientos negativos causantes de nuestros propios transtornos, de ansiedad, depresión o estrés. Estos pensamientos en psicología se denominan creencias irracionales, exageraciones que no ayudan a resolver los problemas, todo lo contrario, nos producen mal rollo pero los seguimos teniendo.
En palabras del propio autor: "La depresión, la ansiedad y la obsesión son nuestros principales oponentes, cuando nos dejamos atrapar por ellos, lo que perdemos es la facultad para vivir plenamente"
Es como pensar que pensar en desear algo va a pasar o al contrario obsesionarnos con un miedo, pensándolo y pensándolo no va pasar.

¿En que medida esto que me ha pasado me impedirá hacer cosas valiosas por mi o por los demás? 
Rafael nos aconseja hacernos esta pregunta para así valorar la importancia de lo que está pasando. Como él dice la linia de evaluación vital.

Aquí os cuelgo una charla dónde explica un poquito como mejorar nuestros pensamientos. Y como no, ponerlos en práctica con nuestros hijos.



Rafael Santandreu ejerce como psicólogo en su consulta de Barcelona. Tras una etapa como profesor de la Universidad Ramon Llull, trabajó con el célebre terapeuta Giorgio Nardone en su Centro di Terapia Strategica de Arezzo, Italia. Actualmente es Redactor Jefe de la revista Mente Sana y dedica buena parte de su tiempo a la divulgación.


viernes, 31 de julio de 2015

Se nos va de las manos

Acabo de leer este nuevo artículo, por favor, no pases por alto este nuevo estudio. Los tantos por ciento cada vez asustan más. Niños medicados de 1 a 6 años, ¿estamos locos o qué?


¿Demasiados jóvenes estadounidenses están tomando antipsicóticos para el TDAH?


Un estudio muestra un aumento en las recetas de estos potentes medicamentos, aunque este uso no está autorizado.A una cantidad en aumento de adolescentes y adultos jóvenes les están recetando unos potentes antipsicóticos, aunque los medicamentos no han sido aprobados para tratar dos trastornos (el TDAH y la depresión) para los cuales se usan con frecuencia, según un nuevo estudio.

Los investigadores hallaron que el uso de antipsicóticos aumentó entre los niños de a partir de 13 años de edad, desde el 1.1 por ciento en 2006 hasta casi el 1.2 por ciento en 2010. Y el uso de antipsicóticos por parte de los adultos jóvenes (personas de 19 a 24 años) aumentó desde el 0.69 por ciento en 2006 hasta el 0.84 por ciento en 2010.

Para algunos expertos resulta preocupante que las afecciones para las que muchas de estas recetas de antipsicóticos se hacen sean el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y la depresión. En la actualidad, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. aprueba esta clase de medicamentos para las afecciones psiquiátricas como la psicosis, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la agresividad impulsiva relacionada con el autismo. Pero el nuevo informe descubre que en 2009, al 52.5 por ciento de los niños pequeños (de 1 a 6 años), al 60 por ciento de los niños mayores (de 7 a 12 años) y a aproximadamente el 35 por ciento de los adolescentes que tomaron antipsicóticos les habían diagnosticado un TDAH.

"El TDAH es uno de los diagnósticos principales para los que se realiza el tratamiento con antipsicóticos en niños y adolescentes, y no se trata de una indicación adecuada para el diagnóstico", dijo la Dra. Vilma Gabbay, jefa del Programa sobre los Trastornos Pediátricos del Estado de Ánimo y de Ansiedad de la Escuela de Medicina Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Indicó que el nuevo estudio mostró que el aumento de las recetas de antipsicóticos para los adolescentes y los adultos jóvenes fue más pronunciado en los varones. Dado que los chicos son más propensos a sufrir del TDAH que las chicas, "esta tendencia explica el aumento de las tasas de los varones en comparación [con] las de las chicas en los antipsicóticos recetados", señaló.
El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH) y dirigido por el Dr. Mark Olfson, del departamento de psiquiatría de la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York.

Hay muchos medicamentos clasificados como antipsicóticos, y algunos incluyen haloperidol, clozapina, risperidona, olanzapina y quetiapina. Los investigadores indicaron que los ensayos clínicos sugieren que la risperidona (Risperdal), cuando se usa con estimulantes, puede ayudar a reducir la agresividad en el TDAH, pero no está aprobado por la FDA para el tratamiento de esa afección.
En su estudio, el equipo de Olfson examinó los datos sobre las recetas de antipsicóticos de una base de datos que incluye a aproximadamente el 60 por ciento de todas las farmacias minoristas de Estados Unidos. La base de datos incluye la información de las recetas de aproximadamente 1.3 millones de niños, adolescentes y jóvenes adultos, según los investigadores.

"Ningún estudio previo ha contado con los datos para examinar los patrones de edad en el uso de antipsicóticos entre los niños de la manera en que lo hacemos aquí", dijo en un comunicado de prensa del instituto el coautor del estudio, Michael Schoenbaum, consejero de servicios de salud mental, epidemiología y economía del NIMH.

El estudio sí halló una tendencia a la baja en los antipsicóticos para algunos grupos de edad. Por ejemplo, en 2006, el 0.14 por ciento de los niños pequeños de entre 1 y 6 años tomaban antipsicóticos, en comparación con el 0.11 por ciento en 2010. En los niños de mayor edad, los que tenían entre 7 y 12 años, el uso de estos medicamentos se redujo del 0.85 por ciento en 2006 al 0.80 por ciento en 2010.

Pero, al mismo tiempo, el uso de antipsicóticos aumentó entre los niños de mayor edad y los adultos jóvenes. En 2010, 2.8 millones de recetas fueron surtidas anualmente por adolescentes, indicaron los investigadores, mientras que 1.8 millones de recetas fueron surtidas por jóvenes adultos.
Pero muchas recetas no fueron redactadas por psiquiatras infantiles y adolescentes. El estudio halló que solamente alrededor del 29 por ciento de los niños jóvenes, el 39 por ciento de los niños mayores y el 39 por ciento de los adultos jóvenes recibieron las recetas de antipsicóticos de parte de dichos especialistas en 2010.

Las dos afecciones para las cuales el uso de antipsicóticos no está aprobado por la FDA (el TDAH y la depresión) fueron razones importantes a la hora de hacer la receta de estos medicamentos. De hecho, el estudio halló que aunque las recetas para el TDAH son habituales, la afección más común de los adultos a los que se recetaron estos medicamentos fue la depresión.
Esto es preocupante, dijo Schoenbaum. "Los antipsicóticos deberían recetarse con cuidado", comentó. "Pueden afectar de manera adversa tanto a la función física como la neurológica, y algunos de los efectos adversos pueden persistir después de que la medicación se deje de tomar".
El hecho de que muchas de estas recetas de estos medicamentos no las hicieran psiquiatras infantiles fue revelador.
"Solo una minoría de psiquiatras infantiles y adolescentes participaron en el tratamiento", indicó.

El Dr. Matthew Lorber, director en funciones de Psiquiatría Infantil y Adolescente del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, comentó que en el informe había buenas y malas noticias.
"Las recetas de este tipo de medicamentos a los niños menores de 12 años se han reducido, lo que con la mayor probabilidad se debe a sus efectos secundarios peligrosos", dijo.

Pero Lorber se mostró de acuerdo en que se necesita una mayor precaución a la hora de recetar antipsicóticos a niños con TDAH. Presumiblemente, dijo, "la intención del médico que receta es abordar problemas conductuales, la agresividad y los cambios en el estado de ánimo, pero no está claro si se están teniendo en cuenta los riesgos".

Dijo que para las afecciones para las que los antipsicóticos no están aprobadas, los médicos deberían agotar primero otras opciones de tratamiento. Entonces, "si los antipsicóticos son necesarios para los niños sin psicosis o sin un trastorno bipolar, se recomienda su uso durante intervenciones breves" solamente, dijo Lorber. También comentó que el estudio solamente examinó las recetas escritas; no pudo mostrar si los pacientes tomaron estos potentes medicamentos o no. "Es habitual que los padres reciban una receta para sus hijos pero al final decidan no seguir adelante debido a los efectos secundarios", explicó Lorber.

El estudio aparece en la edición en línea del 1 de julio (2015) de la revista JAMA Psychiatry.