Bienvenido al blog, aquí encontrarás terapias y alternativas a la medicación para niños hiperactivos. Porque no todos los niños hiperactivos son TDAH.

La finalidad de este blog es dar a conocer mi experiencia como madre, mi día a día alternativo.


Por mucho que mediquemos si el diagnóstico es erróneo, es decir no hay un problema neuronal sino un problema de visión, de oído, de estrés, de alimentación no adecuada o de lateralidad cruzada, lo único que haremos es empeorar a nuestros hijos. Porque el problema de fondo continuará.

Entra, lee, mira, escucha y dame si te apetece tu opinión y sobre todo tus consejos.


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domingo, 24 de abril de 2016

Joanna Moncrieff - Hablando claro


Joanna Moncrieff es una psiquiatra controvertida, hace unos años empezó a mover conciencias con su primer libro llamado “El mito de la cura química”. Durante este tiempo, la Dra. Moncrieff ha investigado con profundidad los estudios que se han realizado sobre los diferentes tipos de psicofármacos y ha puesto en marcha estudios rigurosos acerca de cómo estos medicamentos afectan a los pacientes. Los tratamientos y seguimientos que realiza con pacientes que padecen trastornos psicológicos la ha llevado a exponer sus teorías acerca de cómo la industria farmacéutica ha influido en el pensamiento de los médicos y los pacientes para poder aumentar y garantizar su éxito a la hora de vender sus productos.


“Hablando Claro”. Explica su visión acerca de los medicamentos psicoactivos y alentando a sus lectores a ejercer una opinión activa y crítica frente a la prescripción masiva de estos tratamientos. La Dra. Moncrieff es una mujer decidida y su mirada transparente nos indica que es una profesional comprometida con el bienestar de sus pacientes.

CM: Dra. Moncrieff ¿cómo le vino la idea de escribir este libro?

JM: Bueno, la verdad es que siempre he sido muy observadora y curiosa, ya cuando estudiaba medicina, durante mi residencia de psiquiatría, me daba cuenta de que algo no cuadraba entre lo que me decían mis profesores y los libros que leía y lo que observaba en los pacientes. La cuestión era que cuando los miraba, solía ver a personas que actuaban como zombies y me preguntaba si realmente eso era lo que pretendíamos ver como la cura de una enfermedad, todo eso me resultaba contradictorio. No veía a la gente curada, la veía aturdida.

CM: ¿Qué ocurrió entonces?

JM: Empecé a leer mucho sobre esto. Descubrí muchas cosas que relato en mi libro. Estudié artículos científicos e investigaciones sobre cómo los fármacos afectaban a las personas. Luego empecé a promover algún estudio con el que empecé a emitir mis propias opiniones.

CM: ¿Cuándo empezó a pensar diferente del resto de sus colegas?

JM: Ahora que lo pregunta, nunca me había detenido a pensar cómo empecé a prestar atención a esas cosas. Quizá al tener en cuenta el efecto placebo, comparando los resultados con el efecto placebo me sorprendí al ver que los resultados no estaban siendo demasiado significativos. Cuando tomaban los tratamientos veíamos cambios en los pacientes, pero no siempre eran los esperados. Por ello, empezamos a pensar que en realidad el fármaco provoca estados que son diferentes a los trastornos sobre los que actúan. No hacen aquello que se suponía que deben hacer. Según el pensamiento tradicional, el medicamento debía restablecer un equilibrio químico. Sin embargo no tenemos pruebas de que eso ocurra.

CM: ¿Entonces qué es lo que ocurría?

JM: Los medicamentos crean un estado diferente al que el paciente tiene. Si hacen eso, no podemos pensar que la persona tiene el trastorno, tiene otra cosa. Algo creado por el fármaco que no es la normalidad. Como consecuencia de esas observaciones cambiamos el foco de atención de la enfermedad a los efectos creados por el medicamento. Al hacer eso, todo cambió y nos dimos cuenta de que esos fármacos podrían ser perjudiciales.

CM: Los médicos prescriben a sus pacientes estos medicamentos argumentando que curan las patologías que sus usuarios padecen. Dicen que estos productos proporcionan al cerebro sustancias químicas de las que el cerebro carece. ¿El mito de la cura química?

JM: Si, Hay muchos médicos que dicen eso. Toma esta droga, dicen, puesto que tienes falta de serotonina o cosas así podemos presuponer que entonces la cura a través fármaco viene al restablecer el nivel de la química cerebral, sin embargo eso no funciona de ese modo. Para explicar cómo funciona, veamos, por ejemplo, el caso del alcohol. Es popularmente conocido que tomar un par de copas puede ayudar a una persona tímida a desinhibirse y poder mantener una conversación. En muchos casos, la persona tímida, puede sentir, tras tomar cierta cantidad de alcohol que es una persona mucho más interesante. Sin embargo, a nadie se le ocurriría argumentar que el alcohol cura la timidez, ¿verdad? El alcohol crea un estado alterado que “tapa” la dificultad, pero que puede generar problemas posteriores graves, ¿no cree?

CM: En ocasiones, la gente que toma estas medicinas, no se reconoce a sí misma ¿Pueden tener estos fármacos efectos indeseables?

JM: Si, por supuesto. Los psicofármacos afectan de muy diversas maneras al sistema nervioso de las personas. En ocasiones, esa afectación es mejor que el trastorno que la persona padece, pero en otras no es tan eficaz. Queremos decir que, el efecto del psicofármaco es la creación de un estado que se solapa con el del paciente, esa es la idea del modelo centrado en el fármaco. La pastilla genera un estado alterado que tiene ventajas pero que también puede tener grandes inconvenientes. La mayoría de los usuarios de estos fármacos no son conscientes de crean estados alterados. Algunos de ellos son tan tremendos que no justifican su utilización puesto que son peores que el propio trastorno que pretenden tratar.

CM: ¿Significa eso que los pacientes desconocen el impacto real de esos tratamientos?

JM: Es conveniente saber que muchos pacientes, cuando dejan de tomar esos productos es cuando se dan cuenta realmente de cuán alterado estaba su estado de conciencia mientras consumían el fármaco, y sienten un tremendo efecto de carencia del producto que se confunde con una recaída. Esta recaída justifica de nuevo el tratamiento con el fármaco. Se convierte en un bucle que puede ser pernicioso. La persona se siente mal, se le prescribe un tratamiento que crea un estado alterado de conciencia pero cuando deja de tomarlo, la persona sufre un efecto rebote, es decir, tiene un empeoramiento en su estado que puede ser causado por la carencia del fármaco. Esta recaída justifica de nuevo la utilización de fármaco, puede que hasta en mayor dosis, creando así la posibilidad de una cronificación.

CM: ¿Cuál es, entonces, el origen de este enfoque terapéutico?

JM: La industria farmacéutica tuvo mala prensa cuando la gente empezó a hacerse adicta a algunos medicamentos. Por ello tuvo que pensar en nuevas justificaciones que permitieran a la gente tomar medicación. Creó la gran idea de que tu cerebro carece de ciertas sustancias y que para poder subsanar el problema había que consumirlas. Sin embargo todo eso carece de fundamento, como demuestro en mi libro. No es cierto que, por ejemplo, una persona que está aquejada de depresión carezca de ciertos niveles de serotonina. No se ha demostrado que eso sea así. Lo que se ha demostrado en cierta manera es que tomando un antidepresivo la persona tiene un estado alterado de conciencia que se solapa con su depresión. Ese nuevo estado no podemos llamarlo depresión, pero tampoco es una recuperación completa e ideal. Tomar un antidepresivo no equilibra tus niveles de serotonina, solo enmascara la depresión.

CM: Entonces ¿No hay que tomarlos?

JM: No digo eso, en ocasiones el nuevo estado es más interesante que el anterior para el paciente. Por ejemplo, algunos tranquilizantes, pueden ayudarte puntualmente para sobrellevar situaciones. Pueden permitir que la persona enfrente el problema más eficientemente. ¿Por qué no tomarlos, si son útiles? La cuestión es en que el usuario de un producto como ése desconoce toda la información acerca de los efectos secundarios, el efecto rebote, o peor aún no se le ha dicho nada acerca del efecto que causará la retirada del fármaco si la persona se encuentra mejor, que en algunos casos es un puro síndrome de abstinencia.

CM: ¿Pueden provocar “adicción psicológica”?

JM: Por supuesto. Ése es uno de sus peores efectos. Las personas que toman medicación, por definición, empiezan a desconfiar de ellos mismos y de su capacidad para enfrentar situaciones sin ella. Algunos psicofármacos pueden convertirse en una falsa ayuda. La persona que, por ejemplo, enfrenta una reunión tomando una pastilla puede llegar a la conclusión de que sólo si consume ese producto puede enfrentar dicha reunión. Muchos estudios muestran que una buena psicoterapia puede ser de más ayuda que un tratamiento con psicofármacos.

CM: ¿Cómo ven sus colegas sus propuestas? ¿Tienen aceptación?

JM: Poco a poco voy dando a conocer los resultados de mi trabajo. Hay controversia y las opiniones son diversas. Muchos están en desacuerdo conmigo, pero algunos de mis compañeros psiquiatras se muestran interesados en privado pero suelo ser ignorada. Afortunadamente hoy en día, cada vez hay más profesionales comprometidos con nuestro enfoque y eso nos ayuda a estar esperanzados con el futuro.

CM: Imaginemos un escenario sin tanta medicación ¿Qué es lo que sugiere que podemos hacer con alguien con una depresión moderada, por ejemplo?

JM: Es importante contar con todas las personas que están involucradas, la familia, los médicos, pero lo que es crucial es encontrar lo que a esa persona le sucede. Cuando ponemos una etiqueta, como por ejemplo la depresión, convertimos a la persona en una foto fija. ¿Qué es lo que le pasa? Sin duda, ese es un trabajo esencial. Ayudar a un ser humano a ver qué es lo que tiene que mejorar o cambiar en su vida. Una pastilla no va a cambiarle la vida y sabemos que no va a devolverle ningún equilibrio químico. Necesitamos actuar con la intención  de hacer que la persona sea responsable de su vida.

CM: En el libro habla de dejar la medicación cuando no ha resultado útil o cuando hay una mejoría evidente ¿Usan en su centro algún enfoque especial para “desintoxicar” al paciente que ha sido tratado durante mucho tiempo?

JM: Cada persona tiene necesidades diferentes, tenemos pacientes que han precisado de meses, incluso años, y nos adaptamos al tipo de problema que tienen y pueden ser tratados de manera puntual. Por ejemplo, pacientes graves con esquizofrenia, deben de ser tratados con mucha delicadeza al retirarles la medicación y debemos estar pendientes de su evolución por si necesitan ser apoyados farmacológicamente durante un episodio de recaída. Sin embargo, es vital para nosotros estudiar cada caso para poder comprender que causa el trastorno de nuestro paciente para poder ajustar todo el tratamiento a cada individuo.

M: ¿Qué encuentran principalmente cuando estudian esos casos?

JM: Es increíble el número de personas jóvenes que visitamos que padecen trastornos importantes como resultado de un uso de drogas “recreativas” como el cannabis, las anfetaminas y sus derivados. Muchos jóvenes quedan atrapados en un tipo de trastorno grave como consecuencia de consumos de sustancias psicoactivas. La cuestión es que son tratados por fármacos tan potentes que pueden cronificar su situación. Los estados generados por este tipo de medicación son tan alterados que impiden que el paciente pueda hacer una vida normalizada. Tal vez, esta nueva situación permita a sus familias gestionarlo mejor, pero vemos muy a menudo como estos casos son empeorados con algunos de estos tratamientos.

CM: ¿Qué hay sobre los tratamientos naturales? ¿Qué tipo de experiencia tienen con ellos?

JM: Bueno, no tratamos a nuestros pacientes con un tratamiento específico. Lo más importante es que aprendan a llevar una vida saludable. Una revista como la suya, sin duda aporta información sobre como mejorar algunos aspectos de la salud. Una buena alimentación es vital, conseguir una vida libre de estrés y hacer actividades que permitan a la persona mejorar su autoestima. Esto, claro, depende de cada caso, y no tenemos una recomendación estándar, escuchamos a nuestros pacientes y los alentamos a tener una vida sana. Tener capacidades para gestionar la ansiedad es algo que se ha mostrado útil, practicar ejercicio y, sobre todo, encontrar actividades donde el paciente se sienta útil.

CM: Cuando hablamos de medicación y de trastornos hay que hacer un punto y aparte para hablar de los niños. Hoy en día todos escuchamos sobre los trastornos que aquejan a las criaturas, pero sobretodo parece que la hiperactividad y el déficit de atención van al alza. Los médicos intentan controlar estos trastornos pero ¿Cuál es su opinión sobre este tema?

JM: Bueno, no creo que en España sea muy diferente que en Inglaterra. No parece que los entornos escolares sean muy propicios para niños que sean muy movidos, dispersos o que puedan tener necesidades específicas. Intentar controlar a los niños dándoles anfetaminas no nos parece muy buena idea. La falta de flexibilidad del sistema educativo y la vida estresada de muchas familias son un potente caldo de cultivo para trastornos de este tipo. Necesitaríamos grupos más reducidos y mayor variedad de enfoques educativos, sin duda alguna.

CM: Un conocido psicólogo, experto en salud infanto-juvenil, suele decir que hay muchos críos que se curan en septiembre, con el cambio de profesores.

JM: Claro. Es una visión inteligente pero no hay que olvidar que la industria presiona mucho puesto que los tratamientos logran generar estados en los niños en los que los niños están quietos y atentos a las explicaciones. Debo decir, no obstante, que no hay evidencias de que la hiperactividad sea una enfermedad en estricto sentido de la palabra, por tanto hay muchos casos en los que se está prescribiendo un tratamiento que no es necesario y que causa muchas secuelas a las personas que los consumen.

CM: Pues parece que cada vez hay más trastornos que pueden diagnosticarse

JM: Esa es una estrategia de la industria farmacéutica. Equiparan un síndrome, que no es más que una agrupación de síntomas, a una enfermedad. Un síndrome de ataque de pánico, por ejemplo, no es una enfermedad. Creo que tiene que ver con un complejo de inferioridad de los psiquiatras.

CM: ¿Complejo de los psiquiatras?

JM: En el inicio de la psiquiatría no existían los fármacos y los trastornos mentales se trataban de manera muy rudimentaria, con internamientos en centros cerrados y terapias de choque. Eso consideraba la psiquiatría como una disciplina poco avanzada y casi policial. El diseño de estos fármacos y la creación de nuevos trastornos ha potenciado la percepción de la psiquiatría como una disciplina muy científica. Ha disparado la autoestima de los psiquiatras.

CM: Frente a este poder de la industria y de una visión como la que impera ¿Qué podemos hacer?

JM: Como titular periodístico podríamos decir que lo importante es saber que frente a la industria farmacéutica y el lobby médico el paciente tiene derechos. Sería ideal si los facultativos pudieran informar sobre las potentes drogas que prescriben. Informar sobre los efectos que cabe esperar de esa medicación.

CM: ¿Cómo podemos ejercer esos derechos?

JM: Debería existir un diálogo médico-paciente sobre las consecuencias a medio y largo plazo de esos efectos y  sobre los devastadores resultados del consumo de estas sustancias. Los pacientes y sus familias deben preguntar acerca de los fármacos y de cómo afectarán a sus vidas. No debemos olvidar tampoco las dificultades relacionadas con el hecho de dejar de tomar este tipo de fármacos y de cómo abandonar un tratamiento crea problemáticas que pueden ser confundidas con recaídas. Tomar psicofármacos es un asunto de gran importancia y debemos tener precaución y conocimiento antes de entrar en un tratamiento de este tipo. 
A todos nos gustaría poder dar con una pastilla mágica que arregle nuestro sufrimiento, pero no existe ese tipo de pastilla por el momento. Existe el sentido común de los profesionales y sus pacientes.


Presentación del libro:


Fuente: http://www.cetebreu.es/hablando-claro-con-la-dra-joanna-moncrieff/

sábado, 26 de marzo de 2016

Juan Gérvas, el médico antimédicos.

Él, junto a su mujer ha estado durante años buscando información, haciendo conferencias e incluso han escrito dos libros (Sano y salvo - La expropiación de la salud).

Es una persona muy cercana, en varias ocasiones le he escrito preguntándole dudas, sobre las vacunas o incluso sobre la hiperactividad, y en poco tiempo siempre he recibido respuesta. 

Os dejo dos entrevistas, una escrita y otra en vídeo.


Los chequeos son perjudiciales, no hay que medirse el colesterol

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Los enfermos trabajan para los laboratorios farmacéuticos?"
–No, pero el equilibrio entre quienes no mueren gracias a los laboratorios empieza a verse compensado por quienes mueren a consecuencia de los medicamentos, que son cada vez más. La codicia ha roto el consenso tácito entre el paciente y la industria farmacéutica, hoy peor valorada que las tabaqueras.

–¿La medicina actual crea enfermos?
–Sí, por ejemplo cuando el suplemento de un periódico hablaba el domingo del "envejecimiento como enfermedad". Supone una crueldad, porque envejecer es salud, un estado gozoso de quienes pueden alcanzarlo gracias al esfuerzo social.
–En su libro: "No se mida el colesterol, ¡sea feliz!".
–No hay que medirse el colesterol nunca, salvo en caso de problemas en las coronarias. Los chequeos médicos son perjudiciales y obedecen a intereses comerciales. Cinco TACs equivalen a la radiación de la bomba de Hiroshima, imagine los que se chequean anualmente. Por si acaso va a morir usted mañana, sea feliz hoy.

–¿Dos médicos ortodoxos contra la medicina ortodoxa?
–Contra sus excesos, recordando que hay una colusión o confluencia de intereses con personas que esperan no morir y ser siempre jóvenes. El que juega a los trileros, tiene expectativas infundadas. Y no sólo vende mierda la industria farmacéutica, también la de alimentos.

–¿Angelina Jolie es una heroína por amputarse los pechos?
–No. Como persona es intocable, nadie puede discutir su decisión. Como ejemplo es nefasta, una víctima de la industria quirúrgica –dio el nombre del centro donde se había operado– y genética, cuyas acciones subieron tras el anuncio.

–Se han contabilizado 200 factores de riesgo de infarto, roncar incluido.
–Un factor de riesgo es una asociación estadística, no una condición necesaria ni suficiente. El mayor peligro de infarto es la pobreza. El segundo es el tabaco, y son los pobres quienes fuman. Si quiere disminuir la probabilidad de enfermar, conviértase en rico, pero eso no está en la seguridad social. 

–¿Cómo sabe Michael Douglas que contrajo su cáncer por la práctica del sexo oral?
–Es una vergüenza dolorosísima, un insulto. Sólo un mínimo de cánceres orofaríngeos guardan relación con el virus del papiloma humano. De nuevo, la población de riesgo son pobres, fumadores y alcohólicos. Sucede que para los médicos tienen más interés los culos de los ricos que la boca de los pobres.

–¿Los afortunados que tienen el sexo oral a su alcance pueden seguir practicándolo?
–Claro, practique el sexo oral y disfrute. En pareja de distinto sexo, del mismo sexo o en grupo. Recuerde que es gratis, que se puede repetir y que siempre da placer.
–Su libro concede gran importancia al sexo.
–Porque considero que hay especialidades médicas que persiguen el sexo con más rigor que la religión durante la Edad Media. Es una parte importante de la vida, que gusta en la juventud y a los ochenta años, aunque se cambie de la cantidad a la calidad.

–Hay millones de personas vivas gracias a la medicina agresiva que usted critica.
–Hay millones de personas que se creen vivas gracias a la medicina agresiva. En Estados Unidos, más de un millón de mujeres piensan que han sobrevivido a un cáncer de mama que nunca las hubiera matado. Lo mismo sucede con más de la mitad de los tumores de próstata. ¿Han sobrevivido al cáncer? No, han sobrevivido al médico.

–Con estas tesis, sus colegas deben verlo como el Doctor Yayoflauta.
–Formo parte de una red mundial que lleva medio siglo trabajando en estos asuntos, y a la que se incorpora cada vez más gente joven. La mayoría de mis compañeros me adoran, salvo algún radiólogo o ginecólogo. No hay hostilidad, porque digo lo que otros no se atreven, rompo con el statu quo.

–¿Nos hemos vuelto locos?
–Ha disminuido la tolerancia a la variación mental, que se ha transformado en enfermedad. Todos tenemos días en que nos comeríamos el mundo y otros en los que querríamos desaparecer, no podemos homogeneizar.

–Niños atiborrados de fármacos.
–Se quiere medicalizar el fracaso escolar para quitarse las responsabilidad de encima.

–¿El miedo disminuye la esperanza de vida?
–Si tienes una actitud optimista, vives ocho años más. No podemos destruir nuestras vidas a la espera de que se resuelva el tremendo momento económico que atravesamos. No voy a dejar de follar porque haya crisis.

Fuente: http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2013/06/22/chequeos-son-perjudiciales-hay-medirse-colesterol/854889.html

Entrevista TV3 (Castellano)
Juan Gérvas, medicina de consum


viernes, 31 de julio de 2015

Se nos va de las manos

Acabo de leer este nuevo artículo, por favor, no pases por alto este nuevo estudio. Los tantos por ciento cada vez asustan más. Niños medicados de 1 a 6 años, ¿estamos locos o qué?


¿Demasiados jóvenes estadounidenses están tomando antipsicóticos para el TDAH?


Un estudio muestra un aumento en las recetas de estos potentes medicamentos, aunque este uso no está autorizado.A una cantidad en aumento de adolescentes y adultos jóvenes les están recetando unos potentes antipsicóticos, aunque los medicamentos no han sido aprobados para tratar dos trastornos (el TDAH y la depresión) para los cuales se usan con frecuencia, según un nuevo estudio.

Los investigadores hallaron que el uso de antipsicóticos aumentó entre los niños de a partir de 13 años de edad, desde el 1.1 por ciento en 2006 hasta casi el 1.2 por ciento en 2010. Y el uso de antipsicóticos por parte de los adultos jóvenes (personas de 19 a 24 años) aumentó desde el 0.69 por ciento en 2006 hasta el 0.84 por ciento en 2010.

Para algunos expertos resulta preocupante que las afecciones para las que muchas de estas recetas de antipsicóticos se hacen sean el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y la depresión. En la actualidad, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. aprueba esta clase de medicamentos para las afecciones psiquiátricas como la psicosis, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la agresividad impulsiva relacionada con el autismo. Pero el nuevo informe descubre que en 2009, al 52.5 por ciento de los niños pequeños (de 1 a 6 años), al 60 por ciento de los niños mayores (de 7 a 12 años) y a aproximadamente el 35 por ciento de los adolescentes que tomaron antipsicóticos les habían diagnosticado un TDAH.

"El TDAH es uno de los diagnósticos principales para los que se realiza el tratamiento con antipsicóticos en niños y adolescentes, y no se trata de una indicación adecuada para el diagnóstico", dijo la Dra. Vilma Gabbay, jefa del Programa sobre los Trastornos Pediátricos del Estado de Ánimo y de Ansiedad de la Escuela de Medicina Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Indicó que el nuevo estudio mostró que el aumento de las recetas de antipsicóticos para los adolescentes y los adultos jóvenes fue más pronunciado en los varones. Dado que los chicos son más propensos a sufrir del TDAH que las chicas, "esta tendencia explica el aumento de las tasas de los varones en comparación [con] las de las chicas en los antipsicóticos recetados", señaló.
El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH) y dirigido por el Dr. Mark Olfson, del departamento de psiquiatría de la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York.

Hay muchos medicamentos clasificados como antipsicóticos, y algunos incluyen haloperidol, clozapina, risperidona, olanzapina y quetiapina. Los investigadores indicaron que los ensayos clínicos sugieren que la risperidona (Risperdal), cuando se usa con estimulantes, puede ayudar a reducir la agresividad en el TDAH, pero no está aprobado por la FDA para el tratamiento de esa afección.
En su estudio, el equipo de Olfson examinó los datos sobre las recetas de antipsicóticos de una base de datos que incluye a aproximadamente el 60 por ciento de todas las farmacias minoristas de Estados Unidos. La base de datos incluye la información de las recetas de aproximadamente 1.3 millones de niños, adolescentes y jóvenes adultos, según los investigadores.

"Ningún estudio previo ha contado con los datos para examinar los patrones de edad en el uso de antipsicóticos entre los niños de la manera en que lo hacemos aquí", dijo en un comunicado de prensa del instituto el coautor del estudio, Michael Schoenbaum, consejero de servicios de salud mental, epidemiología y economía del NIMH.

El estudio sí halló una tendencia a la baja en los antipsicóticos para algunos grupos de edad. Por ejemplo, en 2006, el 0.14 por ciento de los niños pequeños de entre 1 y 6 años tomaban antipsicóticos, en comparación con el 0.11 por ciento en 2010. En los niños de mayor edad, los que tenían entre 7 y 12 años, el uso de estos medicamentos se redujo del 0.85 por ciento en 2006 al 0.80 por ciento en 2010.

Pero, al mismo tiempo, el uso de antipsicóticos aumentó entre los niños de mayor edad y los adultos jóvenes. En 2010, 2.8 millones de recetas fueron surtidas anualmente por adolescentes, indicaron los investigadores, mientras que 1.8 millones de recetas fueron surtidas por jóvenes adultos.
Pero muchas recetas no fueron redactadas por psiquiatras infantiles y adolescentes. El estudio halló que solamente alrededor del 29 por ciento de los niños jóvenes, el 39 por ciento de los niños mayores y el 39 por ciento de los adultos jóvenes recibieron las recetas de antipsicóticos de parte de dichos especialistas en 2010.

Las dos afecciones para las cuales el uso de antipsicóticos no está aprobado por la FDA (el TDAH y la depresión) fueron razones importantes a la hora de hacer la receta de estos medicamentos. De hecho, el estudio halló que aunque las recetas para el TDAH son habituales, la afección más común de los adultos a los que se recetaron estos medicamentos fue la depresión.
Esto es preocupante, dijo Schoenbaum. "Los antipsicóticos deberían recetarse con cuidado", comentó. "Pueden afectar de manera adversa tanto a la función física como la neurológica, y algunos de los efectos adversos pueden persistir después de que la medicación se deje de tomar".
El hecho de que muchas de estas recetas de estos medicamentos no las hicieran psiquiatras infantiles fue revelador.
"Solo una minoría de psiquiatras infantiles y adolescentes participaron en el tratamiento", indicó.

El Dr. Matthew Lorber, director en funciones de Psiquiatría Infantil y Adolescente del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, comentó que en el informe había buenas y malas noticias.
"Las recetas de este tipo de medicamentos a los niños menores de 12 años se han reducido, lo que con la mayor probabilidad se debe a sus efectos secundarios peligrosos", dijo.

Pero Lorber se mostró de acuerdo en que se necesita una mayor precaución a la hora de recetar antipsicóticos a niños con TDAH. Presumiblemente, dijo, "la intención del médico que receta es abordar problemas conductuales, la agresividad y los cambios en el estado de ánimo, pero no está claro si se están teniendo en cuenta los riesgos".

Dijo que para las afecciones para las que los antipsicóticos no están aprobadas, los médicos deberían agotar primero otras opciones de tratamiento. Entonces, "si los antipsicóticos son necesarios para los niños sin psicosis o sin un trastorno bipolar, se recomienda su uso durante intervenciones breves" solamente, dijo Lorber. También comentó que el estudio solamente examinó las recetas escritas; no pudo mostrar si los pacientes tomaron estos potentes medicamentos o no. "Es habitual que los padres reciban una receta para sus hijos pero al final decidan no seguir adelante debido a los efectos secundarios", explicó Lorber.

El estudio aparece en la edición en línea del 1 de julio (2015) de la revista JAMA Psychiatry.


domingo, 8 de julio de 2012

Un poco de historia a través de la publicidad.


"cuando la tranquilidad no es suficiente Ritalin ayuda a alegrar el día"

 


Este mola porque te dicen que estudios controlados demuestran su beneficio pero sólo cuando la medicación está indicada....


No dejemos a nuestros niños preocuparse por la guerra ¡compra ritalin! Claro se te olvida hasta que estas pasando hambre.



Y una de mis  favoritas:


 ¡Más fácil que hacer de padres!

Fuente: http://yoamoaalguiencontdah.blogspot.com.es/2012/07/un-poco-de-historia-traves-de-la.html#comment-form