Bienvenido al blog, aquí encontrarás terapias y alternativas a la medicación para niños hiperactivos. Porque no todos los niños hiperactivos son TDAH.

La finalidad de este blog es dar a conocer mi experiencia como madre, mi día a día alternativo.


Por mucho que mediquemos si el diagnóstico es erróneo, es decir no hay un problema neuronal sino un problema de visión, de oído, de estrés, de alimentación no adecuada o de lateralidad cruzada, lo único que haremos es empeorar a nuestros hijos. Porque el problema de fondo continuará.

Entra, lee, mira, escucha y dame si te apetece tu opinión y sobre todo tus consejos.


miércoles, 5 de agosto de 2015

El cerebro del bebé

En el documental, Eduard Punset entrevista a Sue Gerhardt, psicóloga y escritora,considerada como una de las mayores expertas en su campo de investigación.

Las conclusiones que se extraen son bastante impresionantes y contradictorias con la mayor parte de las recomendaciones recibidas a diario por parte de profesionales de la salud, de la psicología, por parte de profesionales de corte conductista (léase Ferber, Estivill, Jo Frost y otros) y por parte de la sabiduría popular, que a la vista de lo comentado en el documental tiene más de popular que de sabiduría.
La conclusión inicial que se extrae de lo comentado por Sue Gerhardt es que “hay que ocuparse de los bebés”, ya que “no (les) logramos dar suficiente importancia”. Hacemos caso de los consejos que nos incitan a descuidar los llantos de los bebés, a hacerles esperar para que aprendan “que en la vida no lo van a tener todo”.

Lo hacemos pensando que les estamos educando y haciendo un bien, creando a una persona con fuerza psíquica suficiente para luchar contra los pormenores de la vida, contra las dificultades de la edad adulta.

El problema es que estamos anticipando los hechos y estamos creando problemas e insatisfacciones a unas personitas que no están preparadas para gestionarlas y superarlas. En resumen, dejando huella en esta primera infancia que “es en realidad la base de la salud mental”.

Los bebés nacen con un cerebro inmaduro por cuestiones de espacio. De esperar más tiempo a que ese cerebro estuviera totalmente maduro la cabeza de los bebés no pasaría por el canal del parto. Es por ello que debe madurar en el exterior, creando nuevas conexiones y creciendo con las vivencias que les aportemos, y lo hace además “a la mayor velocidad de crecimiento que jamás alcanzará. ¡Dobla su tamaño!”

Entre los muchos sistemas que se desarrollan desde el nacimiento hasta los dos años están“los que utilizamos para gestionar nuestra vida emocional: la respuesta al estrés, por ejemplo”. Por lo tanto, dado que el cerebro está inmaduro “lo importante es que el bebé no se estrese demasiado. Los bebés no pueden gestionar un estrés excesivo. No pueden deshacerse de su propio cortisol.”

¿Y qué es eso del cortisol?
El cortisol es una hormona que se segrega en situaciones de estrés. Para que una persona esté emocionalmente estable, debe tener un nivel de cortisol equilibrado. Los bebés no saben qué hacer con él, por tanto, cualquier cantidad de cortisol superior a la que deberían tener es un exceso de estrés que no saben eliminar.
El exceso de cortisol activa la amígdala del cerebro, que es el órgano encargado del control de las emociones, emitiendo una señal de alarma de que algo no va bien.

Si un niño crece con una cantidad de cortisol constantemente elevada, porque le dejan llorar mucho o porque se estresa con facilidad, la amígdala se acaba acostumbrando a ese cortisol sobrante (algo así como cuando oímos un reloj en una habitación y acabamos por no oírlo) y deja de emitir la señal de alarma. Al no haber alarma el cerebro no ofrece una respuesta de gestión a ese estrés y el individuo acaba por no saber manejar esas situaciones que le generan ansiedad.

Por poner un ejemplo, el Increíble Hulk tiene una mutación genética que ataca a su amígdala y cuando se desencadenan emociones fuertes se transforma, pues no sabe controlarla.

El problema no es sólo este, sino que se ha visto que personas que crecen con niveles elevados de cortisol están tan acostumbrados a ello que a menudo tienden a buscar situaciones que les genere cortisol (situaciones estresantes) para sentirse cómodos.



viernes, 31 de julio de 2015

Se nos va de las manos

Acabo de leer este nuevo artículo, por favor, no pases por alto este nuevo estudio. Los tantos por ciento cada vez asustan más. Niños medicados de 1 a 6 años, ¿estamos locos o qué?


¿Demasiados jóvenes estadounidenses están tomando antipsicóticos para el TDAH?


Un estudio muestra un aumento en las recetas de estos potentes medicamentos, aunque este uso no está autorizado.A una cantidad en aumento de adolescentes y adultos jóvenes les están recetando unos potentes antipsicóticos, aunque los medicamentos no han sido aprobados para tratar dos trastornos (el TDAH y la depresión) para los cuales se usan con frecuencia, según un nuevo estudio.

Los investigadores hallaron que el uso de antipsicóticos aumentó entre los niños de a partir de 13 años de edad, desde el 1.1 por ciento en 2006 hasta casi el 1.2 por ciento en 2010. Y el uso de antipsicóticos por parte de los adultos jóvenes (personas de 19 a 24 años) aumentó desde el 0.69 por ciento en 2006 hasta el 0.84 por ciento en 2010.

Para algunos expertos resulta preocupante que las afecciones para las que muchas de estas recetas de antipsicóticos se hacen sean el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y la depresión. En la actualidad, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU. aprueba esta clase de medicamentos para las afecciones psiquiátricas como la psicosis, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la agresividad impulsiva relacionada con el autismo. Pero el nuevo informe descubre que en 2009, al 52.5 por ciento de los niños pequeños (de 1 a 6 años), al 60 por ciento de los niños mayores (de 7 a 12 años) y a aproximadamente el 35 por ciento de los adolescentes que tomaron antipsicóticos les habían diagnosticado un TDAH.

"El TDAH es uno de los diagnósticos principales para los que se realiza el tratamiento con antipsicóticos en niños y adolescentes, y no se trata de una indicación adecuada para el diagnóstico", dijo la Dra. Vilma Gabbay, jefa del Programa sobre los Trastornos Pediátricos del Estado de Ánimo y de Ansiedad de la Escuela de Medicina Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

Indicó que el nuevo estudio mostró que el aumento de las recetas de antipsicóticos para los adolescentes y los adultos jóvenes fue más pronunciado en los varones. Dado que los chicos son más propensos a sufrir del TDAH que las chicas, "esta tendencia explica el aumento de las tasas de los varones en comparación [con] las de las chicas en los antipsicóticos recetados", señaló.
El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de la Salud Mental (NIMH) y dirigido por el Dr. Mark Olfson, del departamento de psiquiatría de la Universidad de Columbia de la ciudad de Nueva York.

Hay muchos medicamentos clasificados como antipsicóticos, y algunos incluyen haloperidol, clozapina, risperidona, olanzapina y quetiapina. Los investigadores indicaron que los ensayos clínicos sugieren que la risperidona (Risperdal), cuando se usa con estimulantes, puede ayudar a reducir la agresividad en el TDAH, pero no está aprobado por la FDA para el tratamiento de esa afección.
En su estudio, el equipo de Olfson examinó los datos sobre las recetas de antipsicóticos de una base de datos que incluye a aproximadamente el 60 por ciento de todas las farmacias minoristas de Estados Unidos. La base de datos incluye la información de las recetas de aproximadamente 1.3 millones de niños, adolescentes y jóvenes adultos, según los investigadores.

"Ningún estudio previo ha contado con los datos para examinar los patrones de edad en el uso de antipsicóticos entre los niños de la manera en que lo hacemos aquí", dijo en un comunicado de prensa del instituto el coautor del estudio, Michael Schoenbaum, consejero de servicios de salud mental, epidemiología y economía del NIMH.

El estudio sí halló una tendencia a la baja en los antipsicóticos para algunos grupos de edad. Por ejemplo, en 2006, el 0.14 por ciento de los niños pequeños de entre 1 y 6 años tomaban antipsicóticos, en comparación con el 0.11 por ciento en 2010. En los niños de mayor edad, los que tenían entre 7 y 12 años, el uso de estos medicamentos se redujo del 0.85 por ciento en 2006 al 0.80 por ciento en 2010.

Pero, al mismo tiempo, el uso de antipsicóticos aumentó entre los niños de mayor edad y los adultos jóvenes. En 2010, 2.8 millones de recetas fueron surtidas anualmente por adolescentes, indicaron los investigadores, mientras que 1.8 millones de recetas fueron surtidas por jóvenes adultos.
Pero muchas recetas no fueron redactadas por psiquiatras infantiles y adolescentes. El estudio halló que solamente alrededor del 29 por ciento de los niños jóvenes, el 39 por ciento de los niños mayores y el 39 por ciento de los adultos jóvenes recibieron las recetas de antipsicóticos de parte de dichos especialistas en 2010.

Las dos afecciones para las cuales el uso de antipsicóticos no está aprobado por la FDA (el TDAH y la depresión) fueron razones importantes a la hora de hacer la receta de estos medicamentos. De hecho, el estudio halló que aunque las recetas para el TDAH son habituales, la afección más común de los adultos a los que se recetaron estos medicamentos fue la depresión.
Esto es preocupante, dijo Schoenbaum. "Los antipsicóticos deberían recetarse con cuidado", comentó. "Pueden afectar de manera adversa tanto a la función física como la neurológica, y algunos de los efectos adversos pueden persistir después de que la medicación se deje de tomar".
El hecho de que muchas de estas recetas de estos medicamentos no las hicieran psiquiatras infantiles fue revelador.
"Solo una minoría de psiquiatras infantiles y adolescentes participaron en el tratamiento", indicó.

El Dr. Matthew Lorber, director en funciones de Psiquiatría Infantil y Adolescente del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, comentó que en el informe había buenas y malas noticias.
"Las recetas de este tipo de medicamentos a los niños menores de 12 años se han reducido, lo que con la mayor probabilidad se debe a sus efectos secundarios peligrosos", dijo.

Pero Lorber se mostró de acuerdo en que se necesita una mayor precaución a la hora de recetar antipsicóticos a niños con TDAH. Presumiblemente, dijo, "la intención del médico que receta es abordar problemas conductuales, la agresividad y los cambios en el estado de ánimo, pero no está claro si se están teniendo en cuenta los riesgos".

Dijo que para las afecciones para las que los antipsicóticos no están aprobadas, los médicos deberían agotar primero otras opciones de tratamiento. Entonces, "si los antipsicóticos son necesarios para los niños sin psicosis o sin un trastorno bipolar, se recomienda su uso durante intervenciones breves" solamente, dijo Lorber. También comentó que el estudio solamente examinó las recetas escritas; no pudo mostrar si los pacientes tomaron estos potentes medicamentos o no. "Es habitual que los padres reciban una receta para sus hijos pero al final decidan no seguir adelante debido a los efectos secundarios", explicó Lorber.

El estudio aparece en la edición en línea del 1 de julio (2015) de la revista JAMA Psychiatry.


jueves, 30 de julio de 2015

La película Del revés y gestionar las emociones





Hoy hemos visto la película "Del revés" y me ha sorprendido.
Narra la historia de Riley una niña de 11 años (como mi hijo) que se enfrenta a un cambio significativo en su vida, ya que su familia decide mudarse a otra ciudad, lo que implica que Riley deje atrás a su mejor amiga, su colegia y su cotidianidad en la antigua ciudad y se enfrente al cambio y la adaptación. 

En su mente habitan 5 personajes principales: Alegría, Tristeza, Ira, Desagrado y Temor. Quienes a medida que avanza la película van ejerciendo ciertas influencias en el comportamiento y emociones de Riley.

La película ofrece una infinidad de metáforas altamente poderosas en torno a nuestra vida emocional, a la relación entre las emociones y la memoria, los sueños ...

Desde que hemos visto la película, nos cuesta mucho menos identificar quien está llevando nuestro cuadro de mandos, y darnos cuenta hacía donde queremos llevar nuestra emoción.

Los niños no captan todos los mensajes de la película, pero si que puede servirnos a nosotros como padres, utilizar los ejemplos y que ellos nos entiendan.

Os dejo aquí más información de como la película trata el mundo de las emociones
http://www.elpais.com.co/elpais/entretenimiento/noticias/diez-ensenanzas-para-meditar-deja-pelicula-animada-intensamente

lunes, 4 de mayo de 2015

Mamá de nuevo

Llevo meses sin escribir una entrada, y es que he estado ocupada con la feliz llegada de mi segundo hijo. Leo nació el 28 de Enero, gracias a mi tenaz insistencia nació con un parto natural, esta vez lo conseguí, nada de cesárea ni medicación. Me costó lo mío, no voy a negarlo, pero también reconozco que el tema ha cambiado mucho, en todo momento me pidieron permiso, el trato fue excelente, y la sala de parto espectacular, con bañera, pelota de goma, música...
Biel estuvo 10 horas sentado en el pasillo, literalmente en el suelo del pasillo, esperando impaciente conocer a su hermano.
Cuando nació y lo sostuve en brazos, el tiempo se paralizó, el dolor, la angustia todo quedó en pausa.
Fue uno de los momentos más tiernos de mi vida, despacio me abrí la bata y el lentamente fue ascendiendo hasta encontrar mi pecho, fue impresionante.
Durante mis 5 días en el hospital, no se separó de mi ni un segundo, todas las pruebas médicas se hacían en la misma habitación, continuamente entraban comadronas para darme consejos de lactancia.
Para Biel ha sido una dura prueba, 10 años de exclusividad en casa, el príncipe destronado.
Pero poco a poco vamos todos encontrando nuestro lugar.
Gracias a toda la información que he ido encontrando durante estos años y que he compartido en este blog, intento ser una mamá consciente, miro con lupa las posiciones de mi bebé, me preocupo por la estimulación temprana y sobre todo de no sobre-estimular. 
Casualidad o no, Leo es un niño súper tranquilo.
Estoy disfrutando cada instante al 100% y creedme no puedo ser más feliz.




jueves, 23 de abril de 2015

¿Por qué yo no puedo?

María Jesús López Juez es doctora en neurociencia y lleva más de veinte años trabajando con niños con lesión cerebral y problemas de desorganización neurológica.
¿Por qué yo no puedo? | Zoomin Sant Antoni - Eixample Esquerra
En este sencillo, y a la vez profundo, libro, plantea las dificultades de aprendizaje desde la perspectiva del “neuroaprendizaje”. Un concepto novedoso que nos aporta nuevas claves para comprender y tratar estas dificultades en los niños.

Dificultades tales como retrasos en la lectura, la escritura, baja comprensión del lenguaje oral, lentitud al captar información, déficit de atención o inatención, mala postura corporal, desorden, inmadurez general... Todas ellas “tienen un denominador común: su origen está en el cerebro del niño. Es el cerebro el que lee, escribe, habla y comprende. Por lo tanto, cómo se haya desarrollado el cerebro del niño va a tener una influencia decisiva en cómo procesa la información de tipo escolar.”

La gran conclusión final, y que refleja una realidad necesaria de difundir, es el hecho de que la organización y madurez que alcanza el Sistema Nervioso Central del niño juega un papel determinante en su capacidad para aprender y en cómo aprende.

“Entre las herramientas neurológicas de las que dispone nuestro cerebro, son especialmente importantes para el aprendizaje las relacionadas con el procesamiento de la información visual -captada a través de los ojos-, las de procesamiento auditivo -captada a través de los oídos-, y las que se engloban en la respuesta psicomotora. Estas herramientas visuales, auditivas y motoras, son las básicas y las primeras que se van a desarrollar, pero además van a interaccionar entre ellas generándose otras nuevas herramientas neurológicas.”

María Jesús nos habla de la ruta motora, la visual y la auditiva, de cómo se desarrollan y cómo llevan al niño a disponer de los requisitos necesarios para que su aprendizaje sea el adecuado.

También nos brinda información sobre las posibilidades de las que disponemos para trabajar con el niño buscando que alcance este nivel de madurez necesario.

“Les planteamos un trabajo de fondo que no trate el síntoma externo observable, sino que penetre la raíz del proceso. Un trabajo que no vincule al niño con una patología, sino que indague y opere en su proceso de desarrollo.”

El libro concluye con un mensaje de esperanza: hay otras formas de abordar las dificultades de aprendizaje. El trabajo desde la organización neurológica logra dotar al niño de los circuitos neuronales que necesita para tener éxito en el aprendizaje. Y estos circuitos son estables en el tiempo, lo cual significa que las mejoras son definitivas.

No recuerdo la fuente... lo siento.


miércoles, 1 de abril de 2015

¿Qué pasa cuando basándose en un test, alguien afirma que nuestro hijo tiene TDAH?

Gracias Sofía por esta interesantísima entrada explicando tu experiencia personal. Una mamá luchadora! 

¿Qué pasa cuando basándose en un test, alguien afirma que nuestro hijo tiene TDAH?

Muchos padres lo sabemos. Comienza un calvario de vistas a especialistas que te derivan a otros especialistas, que te recetan medicamentos y terapias, que te remiten a más terapias. Te acabas dejando un dineral, un tiempo y parte de tus nervios para rara vez, observar resultados positivos y/o definitivos.

He trabajado muchos años en sistemas informáticos, y la solución que se aportaba al posible trastorno de mi hija, me resultaba familiar “poner parches”. Soluciones que aparentemente tapan el problema, pero que nunca se sabe a largo plazo que nos pueden traer de nuevo. Como el símil con la informática, acabamos llenando a nuestros niños con datos innecesarios que a largo plazo pueden derivar en un problema aún mayor que pueden hacer que la persona “pete”.

Debido al aumento del diagnóstico en niños, en mi entorno encontré a muchos padres con el mismo problema, muchas personas que me recomendaron especialistas y terapias, muchas páginas web donde se informa y en muchos casos desinforma acerca de las posibles soluciones, muchas de ellas “parches”.
Creo que a la mayoría de nuestros hijos no les pasa nada, que es el sistema educativo y social el que está enfermo, un sistema que sigue educando como en la era industrial, preparando niños para un mundo que probablemente ya no existirá. Un sistema que no se adapta a las circunstancias actuales ni al aumento de niños con otras necesidades educativas.

Cuando veo que mi hija devora revistas como “Muy Interesante” o “National Geographic” y que sin embargo suspende las asignaturas de sociales y naturales, me pregunto que puede ser lo que está pasando. Ella es una niña que muestra interés por el conocimiento a la vez que muestra gran desinterés por las asignaturas curriculares. No me habla de chicos ni de maquillajes, cosas propias de las niñas de su edad, me habla de experimentos científicos, de descubrimientos, de lo que comenta Punset, lee libros de 1.000 páginas y razona como un adulto. 

Y sin embargo, el sistema la excluye. Es molesta, no para quieta, no estudia todo como un lorito, hace preguntas incomodas y no se adapta al “estándar”. Pero…¿Cuál es el estándar?¿Por qué negar la variedad?¿Por qué seguir creyendo que lo que funciono en el pasado continuara siendo válido para el futuro?

No niego que mi hija pueda tener un TDAH, simplemente no me convencían las soluciones que me daban. No quiero convertir a mi hija en una “rarita”, quiero que crezca en un entorno natural, no en uno forzado donde se le trasmita que tiene una enfermedad. No quiero perder el tiempo poniendo “parches”, prefiero utilizarlo en darle herramientas para la vida, enseñarle a superar la frustración, a solucionar conflictos, a organizarse, fomentar su voluntad. Cosas que desgraciadamente no enseña el sistema educativo y que por falta de tiempo muchas veces los padres tampoco hacemos.

En mi caso y tras mucho investigar opté por el Neurofeedback Neuroptimal, una herramienta que entrena nuestro cerebro y optimiza su rendimiento. Tras exponernos ambas, mi hija y yo, al método, comprobé resultados excelentes. Ella sigue siendo ella, aunque tanto en casa como en el centro hemos observado mejorías notables. Pero creo que el mayor avance que se ha producido ha sido en MÍ. En mi percepción de los hechos, en la tranquilidad con la que afronto ahora todo, en el aumento de mi nivel de resilencia. Muchas veces creo que somos los propios padres los que sobredimensionamos y nos dejamos llevar por el entorno. Es esta actitud nuestra la que más puede perjudicar a nuestros hijos. Si nosotros creemos que ellos tienen un problema así se lo trasmitimos. No hacen falta verbalizaciones tan solo a través de nuestro comportamiento se lo estamos diciendo.

Ahora lo veo de otra manera, veo a mi hija como es, despistada, movida y en ocasiones molesta, pero ella es así y así la acepto y la quiero. No quiero cambiarla, quiero que siga su curso natural, que aprenda y se relacione a su manera, aunque para el resto del mundo pueda parecer una “rarita” sin tratar y yo una madre que le niega un futuro mejor. Es mi decisión, puede que me equivoque, pero como madre y sabiendo que nadie tiene la llave de la verdad absoluta, me arriesgo.

Decidí hacerme entrenadora del método y desde que lo utilizo en casa con el resto de los miembros de mi familia y con otras personas veo cómo va mejorando nuestro día a día. Ahora mismo lo que creo es que no hay trastornos ni enfermedades en nosotros, al menos no tantos como los que nos hacen creer. Creo que es el tipo de vida al que nos vemos expuestos, el estrés, las prisas, las exigencias del entorno, la falta de madurez y los miedos, lo que hace que aparezcan síntomas. Síntomas que cuando estamos relajados y nos sentimos bien desaparecen. 

Al igual que cualquier musculo del cuerpo, el cerebro tiene la capacidad de repararse si mismo. El Neurofeedback nos ayuda a ponernos en forma mentalmente, al igual que lo hace el ejercicio físico con nuestros músculos.

Neurofeedback es un método no invasivo que se basa en la autorregulación natural del cerebro y que reduce considerablemente los síntomas de muchos trastornos neurológicos. 



Sofía Martínez Elduayen










viernes, 24 de octubre de 2014

Los intereses que hay detrás del diagnóstico del TDAH-Entrevista a Marino Pérez Álvarez

En los últimos años, el estudio sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) ha suscitado una gran controversia. A pesar de la multitud de investigaciones surgidas en torno a este trastorno, sigue sin existir consenso ni claridad en muchos de los aspectos que conforman el TDAH y su abordaje, lo que ha provocado una división en la comunidad científica, clínica y educativa.

Así, mientras que una parte afirma que se trata de un trastorno neurobiológico cuya elevada prevalencia representa un “problema de salud pública”, la otra pone en tela de juicio la existencia misma de la hiperactividad, considerándola como una invención sin base científica parapetada tras la industria farmacéutica, cuya influencia tanto en la elaboración y desarrollo de Guías de Práctica Clínica (especialmente la española), como en el DMS (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) ha sido ampliamente cuestionada.

Para abordar este tema en profundidad, Infocop Online ha querido entrevistar a Marino Pérez Álvarez, psicólogo Especialista en Psicología Clínica y catedrático del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, que, junto con Fernando García de Vinuesa y Héctor González Pardo, es coautor del Libro “Volviendo a la normalidad. La Invención del TDAH y del Trastorno bipolar infantil”, a través del cual se realiza una amplia reflexión sobre todo lo anteriormente planteado, cuestionándose, entre otras muchas cosas, si la hiperactividad y el Trastorno bipolar infantil son “entidades clínicas o en realidad son problemas normales con los niños o ni siquiera problemas que, sin embargo se patologizan”.


Para introducir el tema, ustedes presentan su obra como una extensión al ámbito infantil de su anterior libro “La invención de los Trastornos Mentales” (González Pardo y Pérez Álvarez, 2007), ¿podría explicarnos el planteamiento de partida de este nuevo libro?

El libro anterior estaba centrado en el ámbito adulto, donde mostramos cómo, por ejemplo, la industria farmacéutica había logrado convertir la timidez de siempre en la categoría diagnóstica de fobia social, había recortado los síntomas más somáticos de la ansiedad para sacar el trastorno de pánico o había lanzado la depresión a niveles epidémicos, todo como estrategia para comercializar ciertos fármacos. Muchos nos preguntaban si algo de esto no estaría ocurriendo también en la infancia, señalando siempre al TDAH.

En páginas iniciales nos hablan del fenómeno de “Mcdonalización de la infancia”, ¿en qué consiste y cómo se relaciona con el TDAH y el Trastorno bipolar infantil?

Es una expresión acuñada por el psiquiatra infantil británico Sami Timimi para referirse a la patologización consistente en diagnosticar y medicar problemas normales que los adultos suelen tener con los niños y los adolescentes, típicamente, problemas de conducta relacionados con la atención y la dedicación a las tareas que “debieran” (de lo que sale el TDAH), así como con los berrinches y cambios de humor (de lo que sacan el trastorno bipolar o “trastorno de la desregulación disruptiva del humor”, como viene en el DSM-5).

A la hora de diagnosticar ambos trastornos, ¿qué papel juegan las clasificaciones diagnósticas, tales como el DSM y el CIE?

Juegan un doble papel, como presunta descripción de entidades diagnósticas ahí dadas y como legitimación para su uso clínico y político (estadístico, criterios para prestación de ayudas, priorización de temáticas de investigación). Sin embargo, tales sistemas de clasificación carecen de validez (discriminativa, predictiva y conceptual), por más que puedan tener fiabilidad. Como bien sabe cualquier psicólogo, la fiabilidad no garantiza que aquello medido sirva para lo que se mide. Esta falta de validez está reconocida por importantes instituciones dentro la propia psiquiatría, entre ellas el Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU y la Red de Psiquiatría Crítica que lidera una campaña para la abolición precisamente de esos sistemas, por no hablar de otras instituciones y campañas como la Campaña Internacional Stop DSM de la plataforma A favor de la Psicopatología Clínica, que no Estadística, así como la posición crítica de la Asociación Británica de Psicología con su llamamiento internacional para abandonar definitivamente el modelo de “enfermedad y diagnóstico” en salud mental.

Centrándonos ya en el TDAH, ¿por qué su aceptación está tan generalizada? ¿Realmente es más frecuente de lo que se cree?

Aunque está en entredicho, su aceptación es amplia, si es que no generalizada. Ello se debe a una armonización de intereses, donde el problema vino curiosamente después de la solución. El caso es que el TDAH, como diagnóstico oficial, supone una solución para padres, clínicos, profesores, investigadores, políticos y fabricantes de fármacos. Así, los padres que están desbordados con problemas de atención y actividad de sus hijos, encuentran en el diagnóstico una explicación relativamente “tranquilizadora”, un tratamiento por lo común medicación (como en cualquier enfermedad), así como comprensión, y puede que subvenciones de los laboratorios y del Gobierno. Por su parte, los clínicos “identifican” problemas más frecuentes de lo que se creía (según reza un eslogan) y, en particular, pediatras y psiquiatras dan “soluciones” establecidas y los psicólogos y psicopedagogos se dan a sí mismo estatus al modo médico. Los profesores también encuentran su justificación y “alivio” al saber que tal niño es “un TDAH” y los propios centros escolares también pueden tener su recompensa si reciben ayudas por casos diagnosticados, y estos quedan excluidos de las evaluaciones por las que se mide su nivel. Los investigadores tienen una mina para llevar a cabo estudios con la garantía de encontrar algo en lo que seguir profundizando. Los políticos también encuentran oportunidad para atender necesidades especiales reclamadas por unos y otros. Al final, los fabricantes de los medicamentos son los que se llevan el pastel, con el “trabajo sucio” de la reivindicación y oficialización hecha por otros.

¿Dónde está el problema, si todos ganan? El problema es para los niños, tanto más en la medida en que vivan “dopados” y sin haber aprendido posibles regulaciones de la atención y la actividad en función de contextos y tareas. Eso sí, podrán continuar la carrera TDAH como adultos.

En la actualidad se está extendiendo el diagnóstico de TDAH a los adultos, ¿qué opina a este respecto?

Es una extensión descarada de un “trastorno” típico de la infancia -donde ya carecía de entidad clínica-, para ampliar el mercado de la medicación. Como dice el psiquiatra Allen Frances en su “manifiesto contra los abusos de la psiquiatría” (en “¿Somos todos enfermos mentales?”), este diagnóstico podría convertirse en una moda. Ciertamente, el diagnóstico es muy fácil de hacer y de cumplir. A no ser que uno esté haciendo un cursillo Zen o todo le dé un poco igual, cualquier adulto medianamente atareado, sin siquiera llegar a estresado, difícilmente no puntuará en los ítems como se mide: “¿con qué frecuencia tiene dificultad para acabar los detalles de un proyecto, para ordenar las cosas en una tarea que requiere organización y para recordar citas u obligaciones?” y , “¿con qué frecuencia evita o retrasa tareas que requieren pensar mucho, agita o retuerce la manos o los pies cuando tiene que permanecer sentado mucho tiempo y se siente demasiado activo e impulsado a hacer cosas, como si lo empujase un motor?”.

De nuevo, todos contentos: los propios pacientes que ahora se explican sus problemas, los clínicos como sagaces diagnosticadores dando en el clavo, y la industria que una vez más se las ha industriado para ampliar el mercado. Es interesante reparar, como señalamos en nuestro libro, el trasvase de diagnósticos de la infancia a la vida adulta a cuenta del TDAH, y de la vida adulta a la infancia a cuenta, en este caso, del trastorno bipolar facturado para niños y adolescentes como “trastorno de la desregulación disruptiva del humor”.

En relación con el tratamiento médico, según datos del Informe del Observatorio Europeo de Políticas y Sistemas Sanitarios de la OMS, en los últimos años ha habido un aumento significativo de prescripciones de psicofármacos directamente proporcional al número de diagnósticos de hiperactividad. Sin embargo, los datos señalan claras diferencias entre los países de la Unión Europea, ¿a qué cree que se debe esta disparidad entre países?

Así, por ejemplo, España está en la cabeza del diagnóstico de TDAH y de la correspondiente prescripción de estimulantes, con una tendencia creciente después de la iniciativa del Congreso de los Diputados para dedicarle un día internacional y de su inclusión en la LOMCE, mientras que en Francia apenas existe. En Francia, por las razones que sean, el abuso de los sistemas diagnósticos y del marketing farmacéutico es menor, al menos, en este caso, cosa que supongo estará preocupando a la industria del ramo. Puede deberse a que en Francia los problemas con los niños, por los que en otros países se diagnostica TDAH, están integrados y asumidos en la educación familiar. Puede que, además, la mayor presencia de la tradición psicodinámica prevenga esa tendencia a patologizar los problemas normales. Por su parte, en España, la “conexión” entre la industria (particularmente la compañía Shire, que es la que más preparados tiene en cartera para el TDAH) y la práctica clínica parece ser más fluida, vía Parlamento Europeo (con su libro blanco sobre el TDAH), Congreso de los Diputados, Ley de Educación (LOMCE) y Comunidades Autonómicas particularmente sensibles a estas “necesidades especiales”. Todo ello, seguramente, después de que los políticos fueran influidos por oportunos Planes de Acción promovidos por la propia industria, con la inestimable ayuda de “expertos” y “líderes de opinión”. Al final, pareciera que lo políticamente correcto fuera subirse al carro del TDAH, al margen de lo científicamente correcto que sea y de a qué intereses sirva. ¿Es que los políticos no tienen cosas mejores que hacer, empezando por preocuparse por la patologización de la infancia, en vez de contribuir a ella?


A su juicio, ¿considera que en España se están siguiendo las recomendaciones sanitarias básicas en cuanto a la prescripción de medicación para este trastorno? Y en el resto de países, ¿se están siguiendo las incluidas en las Guías de Práctica Clínica internacionales?

De acuerdo con nuestro planteamiento, según el cual el TDAH no sería más que una etiqueta para ciertos problemas que los adultos tienen con la atención y la actividad de los niños, sin la presunta entidad clínica (ni diagnóstica ni etiológica) ni tampoco medicación específica que se supone, ya la existencia de Guías de Práctica Clínica es presuntuosa, como si hubiera guías, permítase el ejemplo, para “endemoniados”: dando por hecho de que existen, pero reclamando una práctica sensata a fin de evitar el sobrediagnóstico y a la vez asegurar que los casos auténticos no queden sin diagnosticar. Dada la “institucionalización” que ya tiene el TDAH (como diagnóstico oficial, reconocimiento como necesidad educativa especial, profesionales que lo tratan, asociaciones de afectados, etc.), las Guías son necesarias, pero para desenmascarar  los mitos e intereses creados a su costa y resituar el problema en su contexto que no es otro que el del aprendizaje y educación de la atención y la actividad de los niños, seguramente una tarea más difícil de lo que se pensaba, sobre todo, en el mundo de hoy.

Sin negar el problema, su solución no debiera ser a costa de “enfermar” a los niños. En vista de lo visto, habría que cuidar mucho, y todo celo aquí sería poco, acerca de  que las Guías no estén “asesoradas” por expertos con intereses en el diagnóstico, lo que sería como si los lobos hicieran los cercados para las ovejas.

Recientemente, el Gobierno ha hecho pública la intención de actualizar la Guía de Práctica Clínica sobre el TDAH del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad a lo largo de este año 2014. Como experto en el tema, ¿qué cambios introduciría a fin de mejorar la versión actual?

Ante todo, habría que cambiar los “expertos” que asesoren y elaboren la Guía que pudieran tener intereses en “mejorar” la Guía. Cuanto más se parezca la Guía al análisis crítico del Boletín de Información Farmacoterapéutica de Navarra titulado “Atentos al déficit de atención (TDAH): entre la naturaleza incierta y la prescripción hiperactiva”, mejor será. Otra buena guía es la dirigida por el psiquiatra infantil británico Sami Timimi titulada “Mis-Understanding ADHD The complete guide for parents to alternatives to drugs”.

Como ya sabe, la nueva Ley de Educación Española (LOMCE) contempla el TDAH dentro del grupo de niños con Necesidades Educativas Especiales, ¿qué implicaciones tiene su inclusión dentro de la Ley? ¿Cómo se explica usted que se haga mención expresa al TDAH a pesar de la controversia existente por la falta de evidencia científica con respecto a su existencia y que, sin embargo, la LOMCE no contemple expresamente otros como, por ejemplo, los trastornos del Espectro Autista?

Los políticos, empezando por el Parlamento Europeo, el Congreso de los Diputados de España y ahora la LOMCE han tomado cartas en un asunto sub iúdice, decantándose por un lado de la controversia, el que al final resulta insostenible. Dejando aparte su buena intención, los políticos han optado por lo que creen “políticamente correcto”, a expensas de lo que sería científicamente correcto, como mínimo, abstenerse de terciar en un tema que se habría de dirimir en un plano de revisión crítica y, como mejor, preocuparse por la posible patologización de la infancia. Esta decantación se debe, en mi opinión, al poderoso lobby farmacéutico, que supo y pudo influir en las decisiones políticas. Y ahora ahí tienes a los políticos y las políticas haciendo lo que en cierta manera no deja de ser el “trabajo sucio” de la industria, como lo pueda ser la propaganda y oficialización de un diagnóstico sin fundamento del que harán negocio.

En este libro se menciona el concepto de disease mongering o promoción de enfermedades aplicado al TDAH, ¿qué resultados persigue? ¿Cómo se relaciona con las iniciativas anteriores?

La expresión define una estrategia de marketing farmacéutico consistente, efectivamente, en promover enfermedades, tratando de convencer a gente que está esencialmente bien, de que está enferma, y a gente que está algo enferma de que está muy enferma, con el fin de buscar un mercado para un preparado. La expresión fue acuñada en 1992 por la periodista Lynn Payer, especializada en temas médicos,  en su libro “Promotores de enfermedades: lo que hacen los médicos, las compañías farmacéuticas y las aseguradoras para que se sienta usted enfermo.” La expresión tuvo un relanzamiento de parte del también periodista y académico con publicaciones en las principales revistas médicas Ray Moynihan, autor del libro “Vendiendo enfermedades”. Esta estrategia no respeta ni a la infancia, tomada como “nicho” de expansión de medicamentos.

De acuerdo con el título del libro, ¿cómo se puede “volver a la normalidad”? ¿Qué papel puede jugar la Psicología en este sentido?

No es fácil volver a la normalidad, dada la armonía de intereses implicados en la patologización. Pero tampoco es para resignarse, ni conformarse con libros desenmascaradores, por más que necesarios. La posible vuelta a la normalidad tiene varios frentes y niveles. Uno es el desmantelamiento de la “máquina del marketing” que, de acuerdo con Allen Frances, supone entre otras acciones acabar con las campañas de “sensibilización a la población” (so pretexto de concienciación y educación de la gente), acabar con el respaldo financiero por parte de la industria a sociedades de pacientes, así como a organizaciones médicas profesionales y a agencias de investigación y acabar también “con las fiestas, cenas, regalos promocionales y formación médica a doctores o estudiantes de medicina por la industria farmacéutica”.

Hay otro nivel más básico, concerniente a la educación propiamente de la gente, empezando por los niños, en la dirección de promover un sentido de persona que enfatice la fortaleza y capacidad de recuperación en vez de la vulnerabilidad, el desvalimiento y el victimismo. La vuelta a la normalidad pasa por reasumir los problemas de la vida, como tales problemas, en vez de como supuestas enfermedades. El eslogan sería: “más hacerse cargo de la vida que victimarse”. Es de esperar que el consumo inteligente llegue también al afrontamiento de los problemas normales de la vida.

Por su parte, la Psicología tiene un doble papel consistente en desvelar la patologización y predicar con el ejemplo. Si el primer papel lo representan libros como el nuestro, mostrando que los problemas de la vida no por serlo son problemas psicológicos y que los problemas psicológicos no son enfermedades, el segundo se lleva a cabo en la propia práctica profesional. Se refiere, por ejemplo, a la “normalización de los problemas”, como de hecho ya es usual en Psicología, que es tomarlos en serio y, a la vez, situarlos en el contexto de la propia vida como respuestas normales dadas las circunstancias. Se refiere también a la posibilidad de prestar ayuda sin sentirse obligado ni en la necesidad de emitir diagnósticos, definiendo el problema en sus propios términos. Los diagnósticos formales los necesitan los sistemas burocráticos para sus estadísticas, no tanto los propios pacientes, consultantes o usuarios, como no sea para informes y facturaciones. Lo que necesitan los clínicos son evaluaciones, valoraciones, análisis funcionales, “diagnósticos relacionales” y, en definitiva, discernir, distinguir y reconocer, que es lo que significa “diagnosis”. Dentro de esto, acaso bastarían unas cuantas grandes distinciones “clásicas”, no superadas, relativas a problemas neuróticos, psicóticos, del desarrollo y de la personalidad, de acuerdo con Sami Timimi en su entrevista en Infocop (http://www.infocop.es/view_article.asp?id=5225). Los consultantes requieren, a veces, un diagnóstico que, por lo demás, puede ser “tranquilizador” y hasta terapéutico y que el clínico no tendría dificultad en proporcionar e integrar en la ayuda que presta. Un clínico puede ser “ateo” de los diagnósticos y utilizarlos cuando sea requerido, del mismo modo que si fuera ateo propiamente dicho respetaría las creencias religiosas de sus clientes, incluyendo su posible contribución a la ayuda.

Para finalizar, ¿le gustaría añadir algún otro comentario?

No son infrecuentes críticas al TDAH señalando que el problema con él es el posible “sobrediagnóstico”, cuando el problema es, en realidad, su entidad. Se suele señalar también que el TDAH requiere un abordaje “multidisciplinar”, convocando a pediatras, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, pedagogos. Por sensato que parezca semejante abordaje, en este caso, no hace sino acumular “datos”, de los que “sacar tajada”. De nuevo, la cuestión es de entidad. No si se diagnostican demasiados “endemoniados”, porque solamente fueran unos pocos los auténticos, sino qué entidad es ésa, qué se quiere decir con esa etiqueta y qué problema refiere.

Fuente: http://www.infocop.es/view_article.asp?id=5324&cat=44