Bienvenido al blog, aquí encontrarás terapias y alternativas a la medicación para niños hiperactivos. Porque no todos los niños hiperactivos son TDAH.

La finalidad de este blog es dar a conocer mi experiencia como madre, mi día a día alternativo.


Por mucho que mediquemos si el diagnóstico es erróneo, es decir no hay un problema neuronal sino un problema de visión, de oído, de estrés, de alimentación no adecuada o de lateralidad cruzada, lo único que haremos es empeorar a nuestros hijos. Porque el problema de fondo continuará.

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miércoles, 13 de febrero de 2013

Si decides medicar a tu hijo

EL METILFENIDATO Y LA COCAÍNA

A los padres de familia rara vez se les dice que el metilfenidato es “speed”; es decir que farmacológicamente se le clasifica entre las anfetaminas y que causa los mismos efectos y efectos secundarios y tiene los mismos riesgos. No obstante, esto se sabe en la profesión. Por ejemplo, la obra Tratamientos de Trastornos Psiquiátricos, señala que la cocaína, las anfetaminas y el metilfenidado son “neuro-farmacológicamente similares” (Asociación Psiquiátrica Americana 1989, pág. 1221). Como evidencia, este texto señala que las pautas de abuso son iguales en estas tres drogas; que no es posible distinguir sus efectos clínicos en pruebas de laboratorio; y que pueden sustituirse entre sí y producen los mismos efectos en animales adictos (Asociación Psiquiátrica Americana, 1989, pág. 1221. Véase también Breggin, 1991, y Breggin y Breggin, 1994 a&b). El DSM-IV confirma estas observaciones pues incluye en la misma categoría el abuso y adicción a la cocaína, las anfetaminas y el metilfenidato. La Administración de Alimentos y Drogas de Estados Unidos (FDA) clasifica al metilfenidato en una alta categoría de adicción, conocida como Schedule II, la cual también incluye a las anfetaminas, la morfina, el opio y los barbitúricos (Goodman a al., 1991).

Antes de que se le reemplazara con otros estimulantes en la década de 1908, el metilfenidato era una de las drogas callejeras que más comúnmente se utilizaban (Spotts and Spotts, 1980). Hoy en día, en la ciudad de Bethseda, donde vivimos, los niños venden el metilfenidado que se les receta a sus compañeros de clase que abusan de esta droga y de otros estimulantes. Al trabajar con grupos comunitarios, a menudo escuchamos anécdotas de jóvenes que han pasado del uso del metilfenidato que se les prescribía como medicamento al uso de alcohol o drogas callejeras. Uno de los autores (P.B.) ha tenido contacto con algunos de estos casos en su práctica profesional.

Al igual que cualquier estimulante que causa adicción, el metilfenidato puede producir síntomas de abstinencia, como “desplomarse” debido a una depresión, agotamiento, necesidad de apartarse, irritabilidad y sentimientos suicidas. Los padres no reconocen una reacción del síntoma de abstinencia cuando su hijo se siente molesto si le falta una sola dosis. Creen erróneamente que su hijo necesita volver a tomar el medicamento.

OTROS HECHOS QUE SE LES OCULTAN A LOS PADRES DE FAMILIA

A los padres de familia no se les dice que el metilfenidato, por ser un estimulante, puede causar los trastornos que se supone debe curar: desatención, hiperactividad y agresión. Cuando el niño empeora al tomar el medicamento, lo más probable es que le administren dosis más altas de la droga, o incluso un medicamento más fuerte, como los neurolépticos thioridazine (Mellaril) o haloperidol (Haldol). Esto puede tener como resultado un círculo vicioso de toxicidad creciente (los efectos secundarios del metilfenidato se tratan y se documentan más a fondo en Breggin, 1991).
Rara vez se les informa a los padres que el metilfenidato puede causar tics permanentes que causan deformaciones. Recientemente uno de nosotros (P. B.) fue consultado en el caso de un muchacho en quien las dosis habituales produjeron espasmos musculares y tics deformantes en la cabeza, el cuello, a cara los ojos y la boca.

A veces se les dice a los padres de familia que el metilfenidado puede afectar al crecimiento (altura y peso), pero la explicación por lo general se da de tal manera que no los atemorice. Gran parte del crecimiento del cerebro ocurre durante los años en que se administra esta droga a los niños; pero los médicos no les dicen a los padres que no existen estudios relacionados con el efecto que el inhibir el crecimiento en esta forma puede tener en el cerebro en sí. Si el cuerpo del niño es más pequeño, lo cual incluye a su cabeza, ¿qué pasa con lo que hay en el interior del cráneo? Y si el tamaño puede reducirse, ¿qué decir de las deformidades cerebrales que son más sutiles y que tal vez sea imposible medir?

No es frecuente que se informe a los padres de familia que el metilfenidato, como cualquier forma de estimulante, a menudo puede hacer que los niños sientan ansiedad y en ocasiones hace que se porten como si estuvieran “locos”. Con toda seguridad, a los padres no se les habla del peligro de daño cerebral cuando el niño está expuesto al metilfenidato por mucho tiempo.

Aunque no se han encontrado anormalidades cerebrales en los niños etiquetados con el TDAH, un estudio descubrió encogimiento cerebral en adultos etiquetados con el TDAH que han estado tomando metilfenidado durante años (Nashrallah et al., 1986). Los autores del estudio indican que “la atrofia cortical puede ser un efecto adverso a largo plazo de este tratamiento [metilfenidato]”.

Finalmente, el médico no les dirá a los padres de familia que existen métodos que no utilizan drogas y que prácticamente garantizan una mejoría en la conducta de la gran mayoría de los niños, y que se basan en escuelas más interesantes y atractivas y en relaciones familiares más racionales y amorosas.

Fuente: http://www.luchaporlosninos.com

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